Opinión

La vuelta al cole

Enrique Arnaldo | Jueves 06 de septiembre de 2012
Agosto ha sido como todos los agostos. Algunos dramáticos incendios, algún político intentando distraer la atención con sus diatribas habituales, los deportes y las películas serie B rellenando la parrilla, y, sobre todo, las mismas noticias económicas que en los meses anteriores (para aquellos que hayan tenido la santa paciencia de haber continuado retroalimentado la depresión).

Septiembre anuncia más de lo mismo. Deshojando la margarita del rescate elucubrando sobre la intervención, soportando la subida del IVA, contemplando la subida de los precios (la gasolina llegará a las 300 pesetas), mareándonos ante la prima de riesgo, alucinando con el sube y baja del IBEX-35, cortejando a la Señora Merkel y al Señor Draghi, jugando a los recortes de manostijeras, asombrándonos ante la insolidaridad autonómica descorazonándonos ante la falta de bemoles, rezando para que, al menos, llueva en otoño, comprobando cómo se acrecienta nuestra desafección… Todo igual o un poco peor.

Escribe el novelista de culto J. Tanizaki en “La madre del capitán Shigemoto” que cuando aprieta la congoja, todo es extremo. Y no puede haber mejor descripción que la de este remoto capitán del extremo oriente. Acongojados estamos ante el extemo al que las cosas están llegando. Es verdad que, de antiguo, fueron las plagas las que dejaban millares de cadáveres, y las guerras civiles o inciviles las que sembraban los cementerios de hasta millones de tumbas. Ahora no ataca la peste ni las guerras están cerca; tampoco el racionamiento ni el hambre, pero sí amenaza la oscuridad del pesimismo, la peor enfermedad que engulle vertiginosamente todas las células.

Ausentes de referentes, desmontados todos los mitos, rendidos ante la inoperancia de los agentes políticos y económicos, carentes de ilusión, desencajados, sumidos en la depresión ambiente que nos paraliza, enfermos de desesperanza, e incrédulos ante cualquier proyecto, desdibujado enseguida por falta de financiación o arruinado por falta de clientes que tengan medios para pagar.

Y ¿es que alguien puede pensar que un país serio y solvente como Alemania puede apostar por un país que se resquebraja en discusiones entre responsables políticos que se echan los trastos a la cabeza? ¿es que alguien imagina que el Banco Central Europeo puede comprar los bonos de un país en el que cada Comunidad Autónoma hace lo que le da absolutamente la gana, incumple la legislación básica del Estado o inejecuta sentencias del Tribunal Supremo? ¿es que alguien cree que los países nórdicos, severos representantes de la estabilidad presupuestaria y control del gasto en el seno de la Unión Europea, pueden apoyarnos cuando las Comunidades Autónomas siguen engordadas administrativamente igual que siempre, o cuando reclaman la independencia por aquí y por acullá? ¿o cuando cada una desea su propio régimen fiscal?. Primero tenemos que poner orden en casa, limpiar y luego pedir. Y no cargar siempre contra la sufrida clase media que opositó por un cambio bien diferente del que se ha producido.

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