RESEÑA
Domingo 09 de septiembre de 2012
Atiq Rahimi:Maldito sea Dostoievski. Traducción de Elena Garcia-Aranda. Siruela. Madrid, 2012. 209 páginas. 16,95 €
¿Quién afirma que la literatura no tiene ninguna influencia en la vida, no en la vida en abstracto, sino en la concreta y personal? Que se lo pregunten a Rasul, protagonista de Maldito sea Dostoievski, quien, obsesionado con el escritor ruso y sobre todo con su novela Crimen y castigo, emula a Rodion Romanovich Raskólnikov: “Apenas Rasul levanta el hacha para dejarla caer sobre la cabeza de la anciana, la historia de Crimen y castigo le viene a la mente. Le abruma. Le tiemblan los brazos, las piernas le bailan. Y el hacha se le escapa de entre las manos. Hiende el cráneo de la mujer, quedándose allí clavada”.
Emula a Raskólnikov y, a la vez, la historia del joven estudiante que asesina a una vieja usurera cobra un nuevo sentido en manos del escritor afgano Atiq Rahimi, cuya condición de estar a caballo entre dos mundos otorga a su producción un sello único. Hijo de un alto cargo de la monarquía afgana, nació en Kabul, en 1962, y estudió en el Liceo franco-afgano y, posteriormente, en la Universidad de su ciudad natal. En 1984, huyó a Pakistán, para ir después a Francia, donde pidió y se le concedió asilo político. En la Sorbona de París, donde hoy vive dedicado a la literatura y al cine, se doctoró en Comunicación Audiovisual. De Rahimi, ya se habían traducido al español las novelas Laberinto de sueño y angustia y La piedra de la paciencia, ambas también en Siruela, y El país imaginario, libro-reportaje con textos y fotografías sobre Afganistán, publicado en Demipage.
En Maldito sea Dostoievski Rahimi vuelve a dar muestras tanto de la compleja sencillez de su estilo como de su deseo de comprender la realidad de su país, uno de los más pobres del planeta, sumido desde hace décadas en una perenne inestabilidad, asolado por continuos conflictos bélicos, y que vivió uno de los regímenes más extremos y sangrientos del islamismo radical, como fue el de los talibanes Si las anteriores obras de Rahimi eran muy sugerentes, en especial La piedra de la paciencia –letanía desgarrada de una mujer frente a su esposo, a quien una bala ha dejado en estado vegetativo-, que obtuvo el Premio Gongourt 2008, la que ahora se publica en España no les va a la zaga. Los avatares de Ransul, que se abren con las palabras anteriormente citadas (“Apenas Rasul levanta el hacha…), que aparecen de vez en cuando, a modo de ritornello, y se cierran también con ellas -añadiéndose una pregunta que podría dar lugar a una continuación de la historia o a otro enfoque-, están perfectamente sincronizados con los estados de ánimo del protagonista, marcados por la culpa y un vacío de raigambre existencialista.
Ransul mata a Nana Alia, adinerada celestina de quien sospecha que ha arrastrado a su novia Sufia a la prostitución, acuciada por la miseria. Pero a nadie parece importarle, pese a que él mismo se entrega a la Justicia. Ni siquiera le cree su novia, pues como una voz le dice a Ransul -¿la suya propia? ¿la de quien está escribiendo lo sucedido?, recurso recurrente en la obra: “Sí, tu historia no es sino un ridículo pastiche de Crimen y castigo, la novela que le has contado más de cien veces, y sólo eso”.
El propio Atiq Rahimi ha explicado que el germen de Maldito sea Dostoievski le surgió cuando, en 2002, regresó momentáneamente a su país para dirigir la versión cinematográfica de Tierra y cenizas, su primera novela. En ese momento se preguntó si el sentimiento de culpa estaría presente en una sociedad donde la guerra, el fanatismo y la intolerancia se habían hecho fuertes. La respuesta en Maldito sea Dostoievski.
Por Carmen R. Santos