Opinión

[i]EL CORÁN[/i] Y LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

Luis María ANSON | Viernes 14 de septiembre de 2012
El Corán, al-Qur’ân, la lectura, es un admirable monumento universal a la espiritualidad. En líneas generales canta la paz y la concordia entre los hombres y los pueblos. Se trata de una de las obras claves de la historia del hombre por el andamiaje espiritual que lo informa y lo reitera.
Denigrar a El Corán y a su inspirador, el profeta Mahoma, constituye un ejercicio atroz de irresponsabilidad. Paralelamente a esta afirmación, convienen recordar que las democracias occidentales se sustentan sobre el cimiento de la libertad de expresión. Se puede estar a favor de la libertad de expresión o se puede estar en contra de la libertad de expresión pero si se está a favor de la libertad de expresión hay que hacerlo con todas sus consecuencias.
Desde mi punto de vista, a los irresponsables que han denigrado en una película a El Corán y al profeta Mahoma hay que responderles, no con violencias callejeras, sino con argumentos utilizando la misma libertad de expresión que, dentro de la ley democrática, ampara a los autores del film repugnante. Fácil ejercicio, además, porque El Corán, en la traducción más rigurosa que es la de Juan Vernet, y la figura de Mahoma tienen tantas vertientes positivas que basta con enumerarlas y resaltarlas. A mí me parece que ese es el camino que deben seguir los islamistas porque los asaltos a embajadas, los incendios y los crímenes no son la vía adecuada para resaltar ante el mundo lo que significa la descarga espiritual de las enseñanzas coránicas.

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