José Antonio Ruiz | Viernes 14 de septiembre de 2012
Nada hay más parecido a un imbécil de derechas que un imbécil de izquierdas, y viceversa, pues no es su ideología lo que les distancia sino su imbecilidad lo que les une.
Esa misma imbecilidad es un rasgo compartido en el caso de los nazionalistas cobardes, los mismos que arrojan desde el puente la piedra del independentismo para seguir viviendo del fraudulento cuento de la nación desposeída, pero que una vez lanzado el órdago esconden la mano en el trasero y se mean en los pantalones porque no tienen cojones a sostener el desafío en público, pues corren el riesgo de que se les acabe el chollazo de la moqueta, el Audi y la secretaria molona. Están poniendo tanto empeño en somatizar su paranoia, que a fe que acabarán convirtiéndola en conditio sine qua non de su ADN.
Por lo que a este cronista respecta, como si todos juntos, unidos en manada, se la machacan con una piedra pómez en todo lo alto de la testuz de un toro de Osborne, animal en peligro de extinción, a fin de dejar constancia simbólica de la primacía del Ruc en el reino totémico de los borricos irracionales.
Perdida toda esperanza, prefiero entregarme a la guasa para evitar entrar en el juego de seguir concediendo crédito a unos “gilipollas” (adjetivo que los izquierdosos envidiosos de Libération han dedicado esta semana al multimillonario Bernard Arnault) que ni siquiera tienen la decencia de esperar a que remita el terremoto económico para asaltar y dinamitar la bastilla del Estado. A las voladuras controladas las suele cargar el diablo; así que allá cada cual con su conciencia, si la tiene, si este divertimento suicida desemboca en una fractura social impasible al pegamento i-medio.
Que las mercerías de Cataluña hayan agotado las existencias de esteladas no es una prueba de inteligencia revelada, sino una evidencia empírica de que sin duda ha aumentado el tamaño del rebaño. Me alegro por la marcha de los negocios patrióticos, que bastante canutas la están pasando, aunque sea a costa de vender trapos a rayas con la estrella cubana de Castro.
Más preocupante se me antoja la que se nos puede venir encima el día en el que todas las ovejas se vuelvan a dar cita en el establo del foro y se pongan a balar al unísono. El estruendo borreguil del beee se va a escuchar allende los Pirineos.
Alucino Lupicino de que todavía haya tanto iluso convencido de que Marx y Engels siguen habitando entre nosotros y especulando en la inopia de una sociedad idílica que presuntamente se ha redimido a sí misma con el triunfo engañoso de los desposeídos, oprimidos y explotados, consumando así el definitivo destierro de las clases sociales.
Me resisto a pensar que 2012 años después de Cristo la discusión de fondo siga siendo la disyuntiva guerrista entre burgueses y proletas, capitalistas y asalariados, patricios y plebeyos, señores y siervos, libres y esclavos. Rich Man, Poor Man ¡Demasiado baladí!
La nueva lucha de clases, la verdadera batalla, es la que en estos tiempos de turbación, relativismo, ignorancia y tontuna están librando los cabreros y aquellos otros que prefieren dejarse pastorear por caudillos indigenistas, a cuál de ellos más facha.
El nuevo esclavismo va a dar más de sí de lo que dio la serie de Kunta Kinte. Gambia, capital Barcelona. Pepe Guardiola president! «Aquí tenéis un voto más para la independencia», dice el ex jugador de la selección nacional de fútbol. Independencia a la carta. A Sandrito Rosell no le cabe ninguna duda de que si se consumase el delirio, el Barça seguiría disputando la liga española como si tal cosa. A lo que se ve, la poca vergüenza del presidente blaugrana es directamente proporcional a los títulos del club. Puestos a elegir, prefiero la irresistible oferta del supermercado del Corte Inglés: lomo fresco extra de cerdo, a 4,90€.
Consciente soy de que en una de estas corremos peligro los cimarrones, que seguimos siendo esclavos, o sea, tan parias como estos siervos del feudo nacionata sometidos por decisión voluntaria, pero con un toque de rebeldía que nos redime de la masa.
Perdonen que venga a aquí a hablar de mi libro, como el inolvidado Umbral, pero a cuento viene lo que le sucedió al abajo firmante con motivo del doctorado en esta cosa del periodismo. Lo hice con una tesis sobre la instrumentalización política del deporte por parte del secesionismo catalán y vasco. Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, guardo con cariño en el recuerdo (y en una digestión interminable) la comilona que nos dimos después los sabios y el aspirante a sabio ignorante, así como la carta de un catedrático de la cosa, catalán de DNI, que renunció a formar parte del tribunal para no tener que significarse políticamente, despavorido como estaba de la hipótesis del trabajo de investigación. Lejos de molestarme su decisión, la respeté, y más tarde hasta incluso me alegré y respiré aliviado, pues lo mismo con su presencia hubiera puesto en riesgo el cum laude.
El problema no es si lo que quede de Espanya puede vivir sin Catalunya, o si Catalonia puede apañárselas sin Spain, sino si podemos permitirnos el lujo de seguir dando crédito y carrete a tanto impresentable tonto del culo, dicho sea con todo respeto.
Si Rajoy se “abolinaga” ante el envite y accede a concederles el pacto fiscal, quien reivindica el derecho a darse de baja como español es un servidor. Don’t let me down, dear Mariano (no me decepciones, querido M.), que estoy muy sensible. Al paso que llevas, como te dejes embaucar por los embaucadores, creyendo que se puede tapar el sol con un dedo, no va a haber quien te vote. ¡No más cesiones! ¡Mejor secesiones! Total, España está ya más descompuesta que una vaca con diarrea. ¿De qué sirve tener un “gobierno social”, demagógicamente hablando, si es un “gobierno socialmente irresponsable”?
Todos los chantajistas se parecen. Cada cual echa mano de lo que tiene más a mano para tratar de conseguir sus objetivos: los etarras, de los muertos, y los palurdos prohombres del sabotaje catalanoide, de los manifestantes de la Diada. En verdad que sigue habiendo “gente pa’tó”.
No siento desprecio por los miembros del redil (¡pobres! No dan más de sí. Bastante tienen con su tara), sino compadecimiento y la más absoluta de las displicencias por aquellos otros que viven de la manipulación de la masa aborregada que se deja adoctrinar por el fundamentalismo más nauseabundo.
Gente como el niño Oriol o el tal Arturito directamente me dan asco y pena por su victimismo de lloronas. Si tienen cojones, que convoquen elecciones y se presenten con un programa electoral donde figure como primer punto en el orden del día la declaración de independencia, o ya puestos, que tengan lo que hay que tener para declararla unilateralmente. Más miedo me da la posibilidad de que en uno de sus memorables aquelarres decidieran entregarse a la inseminación para reproducirse y multiplicarse en cuanto se enteren de que unos científicos rusos se han propuesto clonar un mamut.
¡Ay el poder! Ni siquiera la ambición de conocimiento ha conseguido ser una droga tan dura. El dinero es sólo una estación de paso, el falso tesoro de los descamisados peronistas incapaces de trascender de la anécdota a la categoría; la chusquera agarradera argumental del nacionalsocialismo dogmático y analfabeto para justificar su razón de existencia apelando al discurso identitario y etnocéntrico del resentimiento.
El que se va a largar de esta España de los “robacarros” para no volver hasta que escampe es quien esto suscribe, antes de que algún nazi venga y fumigue la finca.
Qué quieren que les diga, entre Rafael Casanova y Casanova el veneciano, me quedo con Giacomo, que fue suficientemente sabio, en parecida proporción a granuja, para hacer el amor en lugar de la guerra.