Opinión

Economía y personas

José Manuel Cuenca Toribio | Viernes 14 de septiembre de 2012
En la ciudad del cronista también la crisis deja sus pesarosas huellas. E incluso de manera más excruciante que en otras de su nivel –se encuentra en cabeza de la escala media en las urbes del país. En su día se erigió en epicentro del primer seísmo crediticio que remeciera la nación, ya que era la sede central y casi bisecular de una institución que había ahormado –y férreamente- durante décadas su pasado inmediato, convirtiéndose, quizá por el curso inexorable de la absorbente dinámica capitalista, en motor exclusivo de su presente. Por fortuna, el maremoto no llegó a alcanzar las dimensiones apocalípticas profetizadas de modo cercano a la unanimidad en las fechas que acaeciera. Otra corporación bancaria de muy acreditada solvencia se hizo cargo de ella –(en episodio, con todo, menos rocambolesco de los que pronto después jalonarían la historia de fusiones y alianzas de cajas de ahorros en trance de extinción)-, marcando sin tardanza, conforme a la competencia de sus cuadros, un rumbo firme en medio de un temporal crecientemente angustioso.

Y aquí se introduce el lance del que el cronista quisiera dejar modesta, pero verdadera constancia. Un matrimonio joven y padres de dos chiquillas cuyo conocimiento permite abrigar –holgadamente- las mejores esperanzas cara a un futuro que no revestirá ni mucho menos los caracteres cataclismales que algunos dibujan, tenían una sobretasa de ansiedad a causa de un complejo asunto inmobiliario del que la aludida entidad crediticia formaba, claro, parte muy principal. Pasaron días, semanas, meses y hasta años sin que las diferentes partes en litigio llegasen a un mínimo acuerdo, con la pasividad hiriente, en varias ocasiones, de las diversas instancias municipales igualmente concernidas en el tema, equilibradas en su bunquerizada y, a las veces, despótica gestión, las diferentes fuerzas políticas que las titularizaron… Temor, fronterizo con el pánico en algunas noches insomnes, lágrimas no infrecuentemente e inundatorio pesimismo, labraban casi cuotidianamente la existencia del referenciado matrimonio hasta que en fecha no remota el “fiat” se hizo y todo comenzó a despejarse.

Estudiada diligentemente la cuestión en los despachos de la institución bancaria y tras un intercambio personal a fondo con los protagonistas del episodio –en compañía de otras personas lideradas en todo momento, bien a su pesar, por el varón del matrimonio-, se afrontó el asunto con realismo, mesura y afán conciliador. La solución definitiva no se demoró y casi pudo entonarse el clásico final de los cuentos populares sobre el contento universal y la degustación de un muy sabroso plato culinario… Naturalmente, la corporación financiera no renunció a sus intereses y derechos en la materia y actuó según los patrones normales en los organismos de su índole, pero a la baja en sus dividendos y al alza en la comprensión y solidaridad con gentes modestas, incursas en un laberinto en el que las introdujeran la avaricia aliada con el caos. Así, la cifra que los vecinos del inmueble debían aportar a las arcas municipales y la de la propia entidad se rebajaron considerablemente hasta detenerse en una cantidad accesible a fortunas bien discretas.

La historia es, desde luego, estimulante y, hasta si se quiere, ejemplarizante. No siempre el capitalismo carece de alma y no siempre sus metas pasan por la apisonadora de anhelos legítimos y aspiraciones justas. El relatado es, por supuesto, un hecho minúsculo, una pequeña gota en el océano de frustraciones y tragedias que hoy llenan las páginas de los periódicos y las informaciones mediáticas. Pero lo más importante de su relato estriba, quizás, en su valor simbólico. Aquel capitalismo al servicio de las mujeres y los hombres, la economía de rostro humano predicada ardidamente por pensadores de un ancho horizonte –socialdemócratas, cristianos, liberales humanistas, utopistas…- tal vez no sea del todo incompatible con su esencia. Manchester queda muy lejos; la ciudad del cronista, muy cerca…