Economía

Por qué Mariano Rajoy no pide un rescate

Crónica económica

Viernes 14 de septiembre de 2012
Se reúne el eurogrupo y, como siempre, a las horas dedicadas a Grecia (se le dará más tiempo, ya se habla de un tercer rescate), España acapara varios días, si tuviésemos que sumar las horas que le dedican los líderes europeos. Recordemos, muy brevemente, que el BCE ha mostrado su disposición a comprar sin límite los títulos de deuda de España e Italia, pero que lo hará sólo si se le imponen condiciones “efectivas y estrictas”. España, recordémoslo, está ya semi intervenida merced al semestre europeo. De modo que está abierta la cuestión de si España necesita más “condicionamiento”, es decir, más medidas impuestas desde fuera, o no. Olli Rehn dijo recientemente que no hacía falta. Alemania y Holanda dicen que no soltarán un duro si España no asume más sacrificios. La posición de Suecia o Finlandis es aún más dura.

España ha llegado al Eurogrupo con sus argumentos. Uno del jueves: El déficit de las Comunidades Autónomas a mitad de año es del 0,9 por ciento. El objetivo del 1,5 parece ya al alcance de la mano. Bien es cierto que han recibido un adelanto del Estado, pero también lo es que los ingresos, en los meses posteriores, están mejorando, y que las medidas de ajuste tienen efecto sobre todo en la segunda mitad de año. Dos, de este viernes: La deuda de las Administraciones Públicas alcanza el 75,9 por ciento. Preocupante aumento (9,2 puntos en un año), pero a niveles aún manejables.

Y tres: El ministro de Economía, Luis de Guindos, ha llegado con la especialidad del Gobierno Rajoy: las promesas. Ha dicho que el Gobierno aprobará nuevas reformas “para apuntalar el crecimiento y la competitividad”. La vicepresidenta Sáenz de Santamaría ha precisado que tendrán que ver con la lucha contra el fraude fiscal y la liberalización de los sectores productivos. Es una forma de no aceptar nuevas condiciones, ponerlas sobre la mesa como una iniciativa propia. Serán aprobadas el 28 de septiembre.

Con este panorama, el gobierno de Rajoy ha hecho la siguiente jugada: 1) Da nuevos pasos, en este caso en la parte más retrasada del programa del gobierno, que son las medidas encaminadas a acercar la economía a un mercado más libre, competitivo y productivo, que permita recuperar la capacidad de crecer. 2) Evita recurrir a rebajar las pensiones. Eso es fundamental, porque si en España hay dos cotizantes por jubilado, en Galicia hay más jubilados que cotizantes. Y hay elecciones en Galicia el 21 de octubre. El PP sólo puede mantener el gobierno con una mayoría absoluta, y Rajoy no puede permitirse perderla, desde el punto de vista político. 3) Evita que el Consejo Europeo nos pida más condiciones, con lo cual se aleja la posibilidad de un recorte de las pensiones.

Bien, pero aún así, España puede pedir la asistencia del BCE. Si el eurogrupo da por buenas las nuevas reformas, el BCE podrá abrir la espita del dinero si España lo pide. Pero de nuevo pedir la asistencia del banco central sería un estigma para España. Y llevaría a la opinión pública, confusa entre las medidas ya tomadas, las “exigencias de Bruselas” y demás, en la inquietud. ¿Mantendré yo mi pensión? ¿Obligarán al Gobierno a recortar mi subsidio de desempleo? ¿Echarán a más personal en mi colegio y me veré en la calle? Rajoy querrá evitarlo. Y querrá presentarse a las elecciones de 2015 (y creo que agotará la legislatura) como el hombre que evitó la intervención.

Además, tiene cierto margen. La prima cae. Bien es cierto que lo hace porque Draghi tiene la espita en su mano, a la espera de abrirla con un sencillo movimiento de su mano. Pero también lo es que lentamente, más de lo deseado, pero con consistencia, el Gobierno está tomando las riendas del déficit.

Como dice, con gran sagacidad, Javier Arce en The Corner: “Rajoy intentará retrasar la petición de rescate hasta que sepa cuál es la cifra de déficit de este año. Si resulta no ser buena, tendrá que arrodillarse y negociar cualquier tipo de asistencia. ¿Y si se acerca lo suficiente al objetivo del 6,3 por ciento? La oferta del BCE no tiene fecha de caducidad…”. Eso, continúa Javier Arce, “es negociar al estilo gallego, de ahí la desesperación de algunos gobiernos foráneos”. Al fin y al cabo, hubo quien tuvo a Europa a sus pies y dijo “no vuelvo a negociar con un gallego”.

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