Religión

El Papa en el Líbano: una difícil peregrinación

en la frontera

Domingo 16 de septiembre de 2012
“Vengo al Líbano como un peregrino de la paz, como un amigo de Dios y de los hombres”. Estas palabras de Benedicto XVI nada más pisar el suelo del Líbano han expresado la gran preocupación que tiene el Papa por todo lo que sucede en esa zona Oriente Medio, donde el cruce de religiones y de intereses políticos han hecho de ese bello país un laboratorio constante de enfrentamientos.

Una preocupación que no es nueva en los Pontífices, pues ya Pablo VI y Juan Pablo II en los viajes que hicieron a Tierra Santa la manifestaron en términos parecidos porque la situación en nada ha cambiado. Ya en el avión papal, el Santo Padre había expresado a los periodistas “que el tráfico de armas es un pecado mortal”, y es que Benedicto XVI ha viajado a un país donde este tráfico es una de los grandes negocios en esa nación llamada antaño “la Suiza de Oriente Medio” y que desde hace años sufre los embates de las distintas facciones y la presión de Siria e Israel. Un país en el que han sudado sangre los cedros que son el símbolo nacional y en el que el Papa ha defendido la libertad religiosa para todos, a pesar de que muchos de “esos todos” solo aplaudan “su” libertad. El tema de la película sobre Mahoma y los últimos atentados a consecuencia de la misma ha estado presente en el viaje y Benedicto XV ha expresado su gran preocupación y la condena por la realización de películas de ese estilo. Hecho que los que defienden con ardor a su religión son incapaces de hacer cuando los atacados son otros.

El Vaticano, por boca de su portavoz Federico Lombardi, se apresuró a decir, poco antes de comenzar el viaje, que “no estaba prevista una audiencia particular del Papa con miembros de Hezbolá”, aunque Lombardi no descartó que “en algunos de los actos públicos puedan participar afiliados al partido”. Al referirse a la posibilidad que el pontífice toque el tema de Siria en alguno de sus discursos, el portavoz de la Santa Sede “señaló que los mensajes políticos no tienen que ver exactamente con el viaje, ni con su espíritu. No se debe desviar la atención en cosas que son extrañas a la función y a la autoridad del santo padre. Ciertas referencias pueden existir, pero el tema de la visita es el mensaje de paz”.
Por eso, Benedicto XVI ha dicho a los a los cristianos de Oriente Medio, durante la ceremonia de firma de la Exhortación Postinodal del Sínodo de los Obispos de esta zona, llevada a cabo en la basílica de San Pablo en Harissa, el norte de Beirut que “todos los pueblos de la región vivan en paz, hermandad y libertad religiosa”. Se recogen así las propuestas aprobadas por los obispos en el sínodo de 2010, donde se rechazó que se recurra a la Biblia para justificar las “injusticias” y se abogó para que los palestinos tengan un estado propio.

“Conozco vuestros sufrimientos”, ha afirmado Benedicto XVI, y los libaneses han sabido agradecer estas palabras del Papa, quien está muy bien informado de lo que ocurre en la zona, donde miles de cristianos están sufriendo persecución, porque-como hemos dicho- hay otros que destilan demasiado ardor.

Benedicto XVI, ese gran Papa que nos ha tocado, ha sabido también decir a los jóvenes libaneses lo que estos esperaban oir:”No tengáis miedo y no emigréis”. Unos jóvenes que están cansados de que su país y, sobre todo, sus creencias sean pisoteados día tras día. Allí, en Líbano, como en otras muchas partes del mundo, a donde este Pontífice tendrá que seguir su dura peregrinación porque su presencia es necesaria y alienta a todos.

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