RESEÑA
Domingo 16 de septiembre de 2012
Rachel Joyce: El insólito peregrinaje de Harold Fry. Traducción de Rita da Costa. Salamandra. Barcelona, 2012. 310 páginas. 18 €
Ahora que acaba de terminar el periodo vacacional, no nos cuesta hacer memoria sobre los miserables preparativos que acarrea cualquier salida fuera de nuestros hogares. Elegir destino, la más necesaria que nunca comparativa de precios y por supuesto hacer nuestra maleta, ese pequeño reducto en el que cual caracoles tratamos de llevarnos a cuestas todo lo que estimamos que nos va a ser necesario en nuestros días de descanso, con la intención de que no nos falte de nada, de que nos sintamos lo más cercanos a estar en nuestra propia casa.
Pues Harold Fry, nuestro protagonista, inicia un viaje pero ligero de equipaje, más que ligero con la completa ausencia del mismo. Pero qué se puede esperar cuando su intención era salir de casa para no avanzar más que un centenar de metros y retornar en un breve espacio de tiempo y poder así continuar con su monótona vida de jubilado, con los problemas y tensiones acumulados en el matrimonio a causa de la monotonía que se ha instalado en la relación sin haber sido invitada en ningún momento.
Pero la motivación que le lleva a iniciar el peregrinaje que se recoge en el título del libro es poderosa. No todos los días llegan noticias en una carta que, tras leerla, sientes como la vida te propina una bofetada intensa que te sonroja debido a que tu comportamiento deja mucho que desear hasta para ti mismo. No consiste en una huida de lo que le rodea, sino en afrontar un reto que se convierta en un revulsivo para toda su existencia.
Sin preparación física alguna, el cuerpo del protagonista notará los efectos que provoca un esfuerzo físico para el que no está habituado y, por supuesto, dado lo improvisado de su viaje, el calzado elegido no es precisamente el que se podría recomendar para comenzar una ardua tarea como la que se propone Harold. Podremos darnos cuenta de la importancia y trascendencia que el calzado puede suponernos, convirtiéndose en un coprotagonista de la novela, tanto que llega a protagonizar la portada del libro.
Tras la edición original en el mes de marzo de este año, El insólito peregrinaje de Harold Fry ha sido ya traducido a varios idiomas y este otoño llega al nuestro –en librerías a partir de este miércoles 20 de septiembre-, una buena muestra del éxito que Rachel Joyce ha obtenido con esta novela. Después de haber forjado sus dotes de redacción en las entrañas de la BBC, algo que se puede apreciar en todo el contenido y forma expositiva de la novela.
Esta es una de esas reseñas en las que desvelar parte de las peripecias que vivirá este peregrino tan especial quitaría parte de la sal de la obra. Una novela que nos hará pensar, reflexionar, reír y, sobre todo, contemplar la naturaleza y el comportamiento humano con diferentes vidrios que nos mostrarán las innumerables tonalidades que la raza humana puede mostrar. A lo largo de toda la novela podremos encontrarnos con caracteres de lo más variado que se interesarán de una manera o de otra por la apasionante aventura iniciada por el protagonista, con diferentes reacciones al enterarse de sus propósitos y con pareceres muy distintos sobre la consecución o no de su meta.
Mezcla de sentimientos, mezcla de emociones, en resumen, la vida misma con sus contrapuntos de alegría y tristeza fruto de nuestra racionalidad. ¿Penitencia o don? Esa es la duda. Cada uno tendrá su parecer. Lo único cierto es que este peregrinaje que es la vida no dejará nunca de sorprendernos, al igual que esta novela.
Por Jorge Pato García
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