Opinión

Italia y el dilema del Monti-bis

Andrea Donofrio | Domingo 16 de septiembre de 2012
Mientras en Italia se debate sobre la posibilidad de un rescate, se acercan las elecciones generales de la próxima primavera. Tanto el futuro político como el económico parecen llenos de incógnitas, generando incertidumbres que podrían repercutir sobre los temidos “mercados” y la estabilidad del país. En repetidas ocasiones, Mario Monti, que desde el pasado mes de noviembre encabeza un gobierno de tecnócratas, ha manifestado su deseo de abandonar la política y volver a la vida académica, descartando la hipótesis de un Monti-bis. No obstante, varias voces consideran que la persona más indicada para suceder a Monti como primer ministro de Italia sería el propio Monti. Se trataría de una remota solución, que parece encontrar el favor de varios políticos nacionales y, sobre todo, el respaldo de las instituciones europeas. Esta decisión parecería motivada por el miedo a que una nueva administración dirigida por políticos electos hiciera retroceder en las reformas promovidas por el actual Gobierno y/o minar la credibilidad nacional.

No obstante, la posibilidad de un “Monti 2”, de un segundo mandato para el ex comisario europeo, no parece una buena noticia. Los Gobiernos técnicos son episódicos y limitados en el tiempo: su permanencia podría resultar negativa para el futuro del país. No cabe duda que la asunción de Monti de la Presidencia del Gobierno italiano sirvió para restituir la credibilidad internacional al país y aplicar unas reformas económicas, que aún así, todavía no han conseguido relanzar la economía nacional. Se trató de una decisión cínica pero útil para que Italia se librase de una de su peor pesadillas: Berlusconi. Por eso, su mandato sirvió para alejar un pasado tan cercano como nefasto e intentar recuperar la credibilidad de un país, cuna de la civilidad moderna, cuya política se había convertido en un espectáculo, a veces dantesco y otras veces, más cercano al mundo del culebrón. La llegada de Monti a la presidencia ha permitido a Italia contar con mayor protagonismo dentro de las instituciones europeas y una activa participación en la determinación de la política europea. Pero aún queda mucho camino, y algunas de las decisiones tomadas por el actual mandatario resultan más que discutibles. Italia debe apostar por un Gobierno capaz de reducir la enorme deuda y, sobre todo, capaz de potenciar el crecimiento, impulsando el relanzamiento de la economía nacional.

Italia debe cambiar página y su clase política debe aprender de sus errores, asumiéndose sus responsabilidades tras esta anómala etapa en la que se ha negado a pagar el coste político de gestionar la crisis. Por miedo a las urnas y consciente del coste electoral de las duras medidas que la troika UE-BCE-FMI exigía al país, los partidos políticos han apoyado cínicamente a este Gobierno, desmarcándose de sus decisiones más criticadas y apuntándose sus aciertos. Es más, han llegado a negar su responsabilidad ante la crisis, considerándose exentos de culpa. Pero, como ya apuntábamos, cara a las elecciones de 2013, los partidos italianos necesitan replantearse su identidad, mejorar su modelo político reflexionando y ejerciendo una constructiva autocrítica de su conducta de los últimos años. Asimismo, deben evitar la tentación populista y una retorica anti-europeísta tan anacrónica como ineficaz. En momentos de crisis, aumenta el peligro de que se levanten voces radicales o personajes demagógicos: Italia ha estado siempre a la vanguardia de tendencias socio-políticas que luego se han implantado en el Mundo (léase fascismo por ejemplo) y por lo tanto, se debe seguir con extremada atención el desarrollo de su situación política nacional. No se trata sólo de saber lo que va a pasar, sino también de entender lo que está pasando. Los partidos políticos, desde la derecha hasta la izquierda, deben reflexionar sobre los errores cometidos y planear nuevas estrategias para enfrentarse a los retos del futuro. Quedan unos meses para renovarse y madurar: ¡no creerán que los italianos estarían dispuestos a votar otra vez por Berlusconi, D’Alema y compañía! En Italia, siempre es actual la frase de Tomasi di Lampedusa, “cambiar todo para no cambiar nada”…

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