Opinión

Y ahora las pensiones

José Eugenio Soriano García | Lunes 17 de septiembre de 2012
Aunque el Gobierno no quiera, como el Gobierno no manda, las pensiones, también, estarán en el punto de mira del próximo recorte. Y todo ello sin que la casta beneficiada haga el menor sacrificio. Así, el número de asesores, empleados públicos, no baja; no se cambia el sistema de selección del empleo público y cada vez hay menos funcionarios a cambio de que los amigos y parientes, afiliados y beneficiados, y “los que ya están”, se hagan con las arcas de cada organización, la usufructúen, abusen de ella y tras esquilmarla, obliguen al resto de los dependientes de dicha organización a asumir que no hay ni para agua (literalmente: en muchos sitios públicos han suprimido el agua y a beber ¡al grifo del retrete!). Sigue sin haber transparencia alguna sobre lo que ganan quienes parasitan y prebendalizan las organizaciones, tanto públicas, como las que realizan servicios económicos de interés general, como las Cajas de Ahorros, cuyos miembros dirigentes siguen bien acurrucados y agazapados en su sitio sin ceder ni una sola de sus prebendas, prerrogativas, exenciones, dispensas, privilegios y cuantos títulos singulares opuestos al interés general han logrado. Y mientras, en los Bancos, sus dirigentes, también, siguen con múltiples sueldos enloquecidos en la cúpula, amén de bonus, jubilaciones doradas sin cuento, y todo ello manejando los depósitos como si de un bien propio se tratara.

Aquí nadie cree en el interés general. No existe la menor transparencia, todos tienen un titulito singular y excepcional que hace que no existan normas generales, sino fueros y privilegios. No hay un “nomos” sino un “cosmos” de privilegios, traducidos al final en un puro “caos”. E inclúyanse a los sindicatos, cuyos miembros liberados, también, se aprovechan sin límites de la situación, logrando no trabajar, vagar, descansar y aprovechar todo lo que una organización permite, y a la que parasitan a la vez que dicha organización parasita asimismo a la sociedad, a la empresa y al final a los ciudadanos.

Por ello mismo, nadie cree en nadie ni en nada. Algunos irán a misa, pero como actuación muy privada y cuyas enseñanzas olvidan al día siguiente de depositar un óbolo en la Iglesia. Pero sus enseñanzas, ¡a olvidarlas cuanto antes!

Por ello no se puede ser más que pesimista… salvo que de verdad te intervengan y alguien decida, primero, conocer, siquiera conocer, qué privilegios se tienen. Y luego, después, hacerlos públicos y finalmente, desde luego, mostrar en debate público las consecuencias de todas estas situaciones de abuso.

Ciertamente, la democracia no tiene alternativa. Por eso, sus gestores, los partidos políticos y clientelas empresariales y sindicales y burocráticas, saben bien que pueden intensamente abusar de todo lo que se les ofrece sin miedo a que nada ocurra. Y dominado también el Poder Judicial, la única solución se llama “hombres de negro”, de muy negro, de luto azabache, que hagan transparente lo que está pasando, se pongan a la opinión pública de su parte y ataquen a los prebendados de privilegios, parasitismos y falsos populismos. Una ley de transparencia como la que se anuncia, es una pobre broma al lado de lo que se necesita. Hay que acabar pidiendo que nos rescaten de verdad, se hagan las reformas que aquí no hay coraje de hacer y que en definitiva nos lleven a todos a pensar en hacer un “elogio de la intervención”.

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