Opinión

Un PP sin Esperanza

Martes 18 de septiembre de 2012
La inesperada marcha de Esperanza Aguirre de la vida política es, todavía hoy, una sorpresa con la que prácticamente nadie contaba. Las especulaciones sobre su estado de salud siguen apuntando a la causa más plausible, a lo que habría que añadir el desgaste que supone llevar más de 30 años en primera línea. Fue la primera mujer en presidir en Senado y una comunidad autónoma, la de Madrid, donde fue además la más votada de España. Ha sido también -hasta la fecha- presidenta del PP madrileño, un partido sin fisuras gracias principalmente a su liderazgo.

En el ámbito del gobierno autonómico los datos lo dicen todo: bajo su mandato se ha puesto en práctica la enseñanza bilingüe en colegios públicos. A día de hoy, uno de cada cinco colegios públicos imparte este tipo de enseñanza. Se han construido, además, nueve hospitales y 72 centros de salud, con la inversión que ello supone. Inversión que ha sido considerable igualmente en transporte público, con una de las redes de Metro mejores del mundo. Se da la circunstancia de que, pese a los puntales anteriormente citados en materias como sanidad, educación y transporte público, Esperanza Aguirre siempre ha sido partidaria de embridar el gasto público todo lo que fuera posible, con el consiguiente alivio para el bolsillo del contribuyente y el trasvase de recursos hacia la economía productiva. Sirva como ejemplo su intención de privatizar la gestión de Telemadrid, dado su enorme coste.

Al mismo tiempo, ha dinamizado el comercio en la Comunidad de Madrid con la liberalización de horarios comerciales, medida ésta sumamente positiva. Ha hecho todo lo posible para que la Comunidad fuese la sede de Eurovegas, un proyecto que, pese a algunas dudas, supondrá un gran espaldarazo económico para la región. En este sentido, ha defendido siempre la solidaridad fiscal de las zonas más ricas frente a las menos favorecidas, siendo Madrid -por delante de Baleares y Cataluña, en este orden- la de mayor déficit de toda España: la diferencia negativa entre lo que recauda y lo que recibe a cambio es del 73 por ciento. Pero, sobre todo, ha comprendido –y defendido- que todos formamos parte de una comunidad política compuesta por ciudadanos libres e iguales, de modo que los impuestos se pagan por los ciudadanos individuales, por eso se puede redistribuir, y es de una evidencia tautológica que donde hay ciudadanos con más recursos se contribuye más.

A nivel nacional, Esperanza Aguirre no se ha mordido nunca la lengua a la hora de defender la unidad de España y tampoco lo ha hecho cuando ha considerado oportuno decir lo que pensaba en Génova. Así, el PP pierde no sólo a uno de sus principales activos, sino a una de las pocas personas -por no decir la única- que era capaz de contrarrestar la pusilanimidad de Rajoy y “su gente”. Más les vale encontrar pronto un recambio de garantías, aunque la tarea va a resultar harto complicada.

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