Opinión

A VUELTAS CON LA CARTA DEL REY

Luis María ANSON | Miércoles 19 de septiembre de 2012
He esperado a leer los artículos sobre la carta del Rey y a escuchar los comentarios en radio y televisión para registrar el acierto que ha tenido Don Juan Carlos. El pueblo español ordena al monarca en la Constitución que encarne la unidad de España, que represente a la nación, que encabece las Fuerzas Armadas y que ejerza el arbitraje entre las instituciones y la moderación en la vida nacional.
El Rey, cumpliendo el mandato del pueblo español, y tras la escabrosidad de algunas manifestaciones desproporcionadas, decidió dirigirse a la nación, previa consulta con el Gobierno democráticamente elegido, para apelar a la unidad de acción frente la crisis económica, y también política, sobre todo política, que padecemos. La concordia y la conciliación que presidieron la Transición desde una dictadura atroz a una democracia plena, vuelven a ser necesarias.
El mensaje de Juan Carlos I está claramente dirigido a los partidos políticos, a las centrales sindicales, a los gobiernos regionales de Cataluña y el País Vasco. La prudencia, la moderación, el trabajo en común nos permitirán, según el Monarca, mantener la prosperidad conseguida en los últimos años. Lo que ha escrito el Rey es lo que piensa en estos momentos más del 90% de los españoles. Su carta la podía haber firmado Sáenz de Buruaga en su columna de El Mundo, Manuel Vicent en El País, Martín Prieto en La Razón, Ignacio Camacho en ABC o José Antich en La Vanguardia. Ciertamente “lo peor que podemos hacer es dividir fuerzas, alentar disensiones, perseguir quimeras, ahondar heridas”.

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