Cultura

Javier Rupérez: "La política lingüística de Zapatero le hizo mucho daño al español"

Entrevista

Sábado 29 de septiembre de 2012
A lo largo del libro se denuncia en reiteradas ocasiones una supuesta marginación por parte de los organismos internacionales, en especial en Naciones Unidas y en la Unión Europea, del idioma español, ¿a qué lo achaca?
Siendo realistas, el idioma español no está mal situado en la escena internacional, especialmente en Naciones Unidas, donde es una lengua oficial, al igual que en la Unión Europea. Sin embargo, ese relativo estatus de privilegio se ve ensombrecido por la ausencia de una estrategia coordinada y realmente efectiva de España y de los países de América Latina para que el castellano pase a ser un idioma internacional y franco.

Muchas veces se acusa a la cultura española de no haberse sabido vender fuera de nuestras fronteras. ¿Ha sido el idioma una víctima más de esta mala estrategia de marketing, por llamarlo de alguna manera?
No creo que sea así, al menos a mi no me gusta hablar de marketing. Mi impresión es que es más un problema de influencia política, económica, social, cultural, científica, ideológica, etc., una influencia de la que la lengua es compañera. Fue así entre los siglos XV y XVIII, cuando teníamos un imperio. Hoy en día, algo ha quedado de aquello con los países hispano parlantes, pero no debemos engañarnos: el castellano ha perdido la influencia de antaño y es eso justamente lo que necesitamos.

¿Ha contribuido a ese ostracismo lingüístico que se denuncia a lo largo de su libro el hecho de que no haya ninguna potencia de primer orden en los organismos internacionales, a la altura de Estados Unidos, China, Reino Unido o Rusia, que tenga al español como lengua materna?
Sin duda. Uno de los problemas es que el español está atomizado entre países de segundo y tercer orden en el escenario internacional. El futuro de nuestro idioma puede pasar por su expansión en Estados Unidos, no con el objetivo de sustituir al inglés como la lengua más hablada, sino como su complementaria.


La Asamblea General de Naciones Unidas. Foto: Efe

¿Se está siguiendo algún tipo de estrategia coordinada entre España y los países hispano parlantes para paliar este déficit lingüístico?
Creo que lo primero y prioritario que debería ponerse en marcha es corregir los errores que cometió la anterior administración socialista. En su momento, José Luis Rodríguez Zapatero intentó poner a las lenguas cooficiales españolas, al catalán, al vasco, al gallego y al valenciano, al mismo nivel que el castellano en la Unión Europea, algo que Bruselas no aceptó. Su política lingüística le hizo mucho daño al español y esto provocó un desconcierto en torno a nuestra lengua que acabó por restarle recursos en la política comunitaria, un hecho que no se puede aceptar.

En cambio, en Naciones Unidas lo que hay que intentar es reforzar las relaciones y la coordinación con el resto de países hispano parlantes para defender nuestros intereses, algo que ya hacen otras culturas como la china, la rusa o la árabe.

¿De qué grado de conocimiento goza el español entre el funcionariado de las instituciones internacionales? ¿Se podría decir que es un idioma que interesa en los despachos?
En el ámbito de Naciones Unidas el español sigue contando con un elevado grado de influencia y atracción, aunque sólo sea por el importante volumen de trabajo que conllevan los estados que lo manejan como lengua oficial. Así, el castellano gana al resto de idiomas y dialectos salvo al inglés.

Sin embargo, en la Unión Europea el español se encuentra en una posición de inferioridad, ya que es una más de las 23 lenguas oficiales. Entre el funcionariado comunitario, más que saberse castellano se conoce el castellano, que no es lo mismo. Hoy por hoy, nuestro idioma no es una herramienta de trabajo como lo puedan ser el inglés, el francés, el alemán o incluso el italiano.

Entonces, dentro de la UE, y en términos comparativos tanto en superficie como en hablantes, el español podría compararse al grado de influencia con el que cuenta el polaco...
Sí, pero la ventaja comparativa respecto al polaco, enorme por otra parte, es la ventana que se abre hacia América Latina. En cambio, allí uno no se plantea cuál es la lengua oficial, que está claro salvo en pequeñas comunidades muy minoritarias.

Probablemente el paralelismo que más se ajusta al español es el que podemos trazar con el turco, hablado por más de 80 millones de personas, el doble que en nuestro país, cuyo uso puede tener importantes puentes y estrechar lazos hacia el este, con Oriente Medio, con Asia Central e incluso con los pueblos cercanos a China.

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Javier Rupérez (Madrid, 1941), político, diplomático y escritor, ha sido Embajador de España en Washington, ante la OTAN en Bruselas y ante la sesión de Madrid de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperación en Europa. Fue Subsecretario General de la ONU en Nueva York y Director del Comité Antiterrorista del Consejo de Seguridad.

Ocupó la presidencia de las Comisiones de Asuntos Exteriores y de Defensa en el Congreso de los Diputados y ha sido presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, de la OSCE y de la Internacional Democristiana. Entre otros libros tiene publicados Estado Confesional y Libertad Religiosa, Europa entre el miedo y la esperanza, España en la OTAN, Secuestrado por ETA y Memoria de Washington, además de un libro de relatos y una novela, El precio de una sombra.

'El español en las relaciones internacionales'
Javier Rupérez y David F. Vítores
Editado por la Fundación Telefónica
144 páginas
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Para contactar: borja.mota@elimparcial.es

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