Jueves 27 de septiembre de 2012
La Delegación del Gobierno en Madrid, el Ayuntamiento y el propio Ejecutivo buscan una fórmula para evitar que Madrid se vea colapsada cada dos por tres (esta semana se han convocado tres manifestaciones) cuando los sindicatos y su ejército de radicales tomen las calles de la ciudad para gritar sus eslóganes contra el Gobierno y el Parlamento.
Al margen de la ilegalidad de sus actuaciones, del acoso al Congreso, la sede de la soberanía nacional y por lo tanto a la propia democracia, los antisistema, los que quieren cambiar el régimen democrático para crear un Estado republicano con tintes estalinistas, los madrileños tienen que sufrir los atascos, los cortes de tráfico y hasta la violencia de los radicales.
Por eso, el Gobierno, que no se atreve a impedir esas manifestaciones por ilegales que sean, pretende que dichas concentraciones se celebren lejos del centro de la capital de España. No parece que se vayan a atrever a tomar esas medidas, pero ya hay muchos miembros del Gobierno y del propio Ayuntamiento que les gustaría crear una especie de “manifestódromo” para que esa panda de chalados y violentos griten sus consignas, por ejemplo, en la Casa de Campo.
Como lo único que quieren los manifestantes es que la opinión pública conozca sus bárbaras propuestas, los medios de comunicación nos comprometeríamos a cubrir esas manifestaciones, publicar sus fotos y contar el número de asistentes y los términos de sus reivindicaciones. Mientras, el PSOE se frota las manos de placer al ver cómo esas algaradas están afectando a la imagen de España y, por lo tanto, dañando gravemente a los mercados.
Hay que esperar que el Gobierno tenga la valentía de tomar una decisión en este sentido. Porque la ciudad de Madrid se convierte en un infierno cada vez que los manifestantes toman las calles y obligan a la Policía a cortar el tráfico en el centro de la capital. Y eso ocurre un día sí y otro también.
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