Opinión

Penoso

Román Cendoya | Lunes 21 de abril de 2008
El sábado surgió un Mariano Rajoy desconocido. Enérgico, beligerante, agresivo. Muy lejos del mensaje de mesura, consenso y diálogo que va a caracterizar esta legislatura. Mariano Rajoy, en un supuesto acto de agradecimiento a apoderados utilizado para venderse a sí mismo, elevaba el tono de su voz y con violencia se golpeaba una mano contra la otra. Fuerte, enérgico y contundente. Una faceta que lamentablemente presenta un mes y medio después de que se termine la campaña electoral por el Gobierno de España. Por fin Rajoy muestra su carácter en público. Cuatro años después de cuando lo tenía que haber hecho. Tarde y mal. Porque tenía que haber demostrado toda esa fuerza contra Rodríguez Zapatero y el PSOE y no, como lo está haciendo, contra militantes y amigos del Partido Popular. Derrocha toda esta energía en defender su sillón en Génova y no lo hizo para conseguir el sillón de presidente del Gobierno que es lo que de verdad hubiera beneficiado a sus votantes y a su país. Penoso. Su nerviosismo es una prueba de que la derrota electoral que ha sufrido el Partido Popular, con él de candidato, ha sido muy importante. Y la gente del PP lo sabe. Y Rajoy más.

Mariano Rajoy se ha montado un Congreso para intentar arrogarse una legitimidad como líder que sabe que no tiene. Su posición está estigmatizada por el dedo de Aznar. Su trayectoria está más que cuestionada por sus consecutivas derrotas. Está nervioso y está perdiendo una de sus supuestas principales virtudes, que "es previsible". Nadie podía prever que Rajoy iba a pasar de intentar engañar a la gente diciendo que cualquier militante podía presentarse a pedir directamente que los que intenten hacerle sombra se marchen del partido.

Mariano Rajoy no está preparando la alternativa al PSOE. Rajoy está montando la alternativa al Partido Popular. Quiere cambiar al PP. Lo quiere dúctil, adocenado y entregado. Como no tiene fuerza y energía para defender los principios que hicieron fuerte al PP, quiere un partido que los cambie. Está buscando y encontrando el titular amable de EL PAIS y Público. Y cuándo alguien de su partido dice que eso no le gusta, le invita a irse. La derrota del Partido Popular en las urnas, con Mariano Rajoy de candidato, no tiene paliativos. La prueba, la pelea que se ha montado por un Congreso donde el derrotado líder no deja espacio a la discrepancia y al debate. Ya habla de lo que va hacer dentro de cuatro años. ¿Qué proyecto es ése en el que en vez de sumar se invita a salir? ¿Quién puede creer que echando a la gente va a conseguir dos millones de votantes del PSOE para dentro de cuatro de años? ¿Por qué no lo ha hecho hace un mes y medio? Es penoso escuchar a Rajoy y a sus portavoces hablar del próximo Gobierno y de la próxima victoria del Partido Popular. ¿A quién quiere engañar además de a sí mismo? Rajoy me está sorprendiendo. El espectáculo que está ofreciendo el Partido Popular es lamentable. El centro derecha español ha perdido cuatro años y se están poniendo las bases, más que sólidas, para perder muchos más. Mariano no quiere lealtad, exige adhesiones inquebrantables y sin cuestionamiento. No hace falta que invite a la gente a irse. La gente se está yendo solita. Y si no es así es que los nervios le están haciendo explicarse fatal. Penoso.

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