Martín-Miguel Rubio Esteban | Viernes 28 de septiembre de 2012
Trágicamente se nos despide de la política en estos momentos aciagos y de infortunio nacional Esperanza Aguirre, la gran esperanza liberal, sin ni siquiera haber pronunciado un pequeño farewell address, como los grandes políticos clásicos que a ella tanto le gustan, que nos exhortase sobre esos grandes principios, guiados por la justicia y el sentido común, que nos alejen de la catástrofe nacional. Principios que, por lo demás, ella representaba en la sociedad española en la mayor de las soledades. Pero no, Esperanza, nuestra querida y admirada Esperanza se ha ido sin ruido y sin hirsutas explicaciones. Dice que ella no es imprescindible; es verdad, pero también es cierto que es imprescindible para que la libertad exista la existencia de personas como Esperanza Aguirre.
Entre otros cargos, fue la única Ministra de Educación no bárbara de la infame y corrompida democracia española. Porque no sólo es una mujer culta, rara avis entre la horda salvaje y sectaria de nuestros políticos de cartilla de primaria, sino sensible a la alta cultura, cosa esta aún más magnífica por su rareza. Fue la única Ministra que acompañaba a los profesores de Lenguas Clásicas a las representaciones escolares del teatro grecolatino que tienen lugar en Segóbriga, Mérida, Itálica, Calatayud y en otros lugares. La mediocridad consustancial de su Partido, más o menos igual que la de los otros, la secluyó del poder. Porque este sistema político se cimienta en la solidaridad a muerte de los mediocres, y no hay ningún cobista, adulador y flabelífero más seguro al poder que un mediocre, que debe dar las gracias todos los días de su fortuna milagrosa a la sola gracia del gallego que lo nombra. Pero ya vemos para qué sirven los mediocres en esta crisis en las acroteras del poder, y hoy comenzamos ya a echar de menos a una política de raza que no es mediocre como casi todos los demás, Esperanza Aguirre.
La situación fuera de control que padece España ( Cataluña, derrumbe del Estado del bienestar, corrupción política, etc. ) no la ha podido echar fuera de la política, cuando ella precisamente es una mujer de acción resolutiva, que como mejor encaja en la acción política es en medio de la tormenta, sea cual sea su grado. Y diría con Alexander Hamilton: “I was born to die and my reason and conscience tell me it is impossible to die in a better or more important cause”. Tras el grave accidente de helicóptero sufrido por la cúpula/copula del PP, ella, mujer, fue la única que no salió con la palidez del miedo después del trance.
Múltiples han sido las razones que se han aducido para explicar el misterioso abandono del poder político por parte de Esperanza en Ursaria. Las hay de índole peregrina próximas a un arcano, que no se sostienen por puro sentido común, pero que a veces ocurre, no obstante, que son las más certeras. Y otras más aparentemente sensatas, que apuntan a graves problemas de salud o a insalvables discrepancias con la actual dirección del partido, que no se sabe sobre muchos temas de interés flagrante si baja o sube, como en el chiste tópico del gallego típico. Entre estas dos últimas explicaciones razonables yo me inclino por pensar que el desacuerdo prolongado con Mariano Rajoy sea la clave de su mutis por el foro. El silencio ominoso o la inesperada suavidad en la respuesta ante hechos como el de Bolinaga o la anunciada Declaración de Independencia de Mas – que será la antítesis moral y ética de la americana, y no hablo de sus posibles valores literarios (¡!), además de estar más cerca de los redcoats que de la libertad – podrían constituir perfectamente la explicación de la retirada del valor político más sólido y coherente del PP. Lo que queda es lo de siempre; el posibilismo típico de los tibios, que por no enfadar ni tener principios claros dejan que las cosas se pierdan faltas de firme pilotaje.
Por lo que atañe a la salud, de cuya naturaleza frágil nadie está a salvo, si esa fuera la causa, mucho debería desear España de que Esperanza se recupere pronto, y vuelva efectiva y contundente al ruedo que tanto necesita su mano diestra.
Hoy España vive una coyuntura transcendental en su Historia. Todo parece indicar que el 2013 será el año en que se ventilen de un modo u otro (aciago o exitoso) sus problemas esenciales; que atañen a su ser y a su existencia. Pueden ventilarse con un troceamiento o con un reforzamiento de la unidad de su cuerpo nacional. Y no sería bueno que la victoria fuese del centrifuguismo, pero tampoco del centripetismo, que fecundaría sin duda un centrifuguismo posterior más violento, como el franquismo ya fecundó y Menéndez Pidal anunció. Y en esta coyuntura desapacible necesitaríamos el concurso audaz y resolutivo de Esperanza Aguirre. ¡El 2013 te necesita, Esperanza!
Y si desgraciadamente el motivo fuera la salud, habría que decir que el destino de España es duro con demasiada frecuencia. ¿Estarán los dioses enfadados con nosotros?
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