Opinión

La desespañolización de España

José Antonio Ruiz | Viernes 05 de octubre de 2012
El ministro Wert, a quien este cronista tiene en sincero aprecio por su solvencia intelectual, es un fuera de serie: como no tiene cojones, dicho sea en sentido figurado, tira de la chequera, dispuesto como parece estar a subvencionar con un concierto a los colegios privados de Cataluña y Baleares para que impartan clases de español.

Si nos ponemos así, ya puestos a capitular con una memorable bajada de calzones, lo menos que podríamos hacer para compensar el gasto extra con un ahorro de costes innecesarios, es tapiar con mortero de cemento portland la puerta de entrada y la trasera de incendios del Tribunal Constitucional; sacar a la venta la Brunete, aprovechando el Plan PIVE, con un puesto ambulante de tanques en el Rastro madrileño; reconvertir a la Guardia Civil en una filial amaestrada de los Mossos d’Esquadra; y transferirle los Tercios de la Legión al rey Mohámed de Marruecos para que custodie sus siete palacios a salvo de cualquier tentación que pudiera tener el valeroso ex ministro de Defensa Federico Trillo-Figueroa y Martínez-Conde, Embajador de España en el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte.

España, tó y ná. El día que la palme, a lo más que podemos aspirar es a que corra la suerte de la legendaria gallina de Santo Domingo de la Calzada, que cantó después de asada.

La única evidencia empírica es que a día de hoy casi muerta está, debatiéndose entre el rescate, el concurso de acreedores o una línea de crédito de mil pares, de manera que sólo nos queda intacta la fe de confiar en el milagro de la Suma teológica de Tomás de Aquino.

El Estado se propone gastar cuatro millones y medio de eurazos en reparar las cubiertas del Congreso, pero no cae en la cuenta de que son los cimientos de nuestra democracia orgánica cojitranca los que de verdad necesitan una manita de pintura de poliuretano resistente a la intemperie.
Lo peor de la maldita herencia recibida no ha sido el legado económico, que también, sino la esquela política envenenada que acompaña al féretro: “A los familiares que la abandonaron cuando más los necesitó”.

Tiempos de penuria, de relativismo infame, y de impuestos patrióticos de sucesiones y secesiones. Hay perros con mejores herencias. El testamento maldito que nos van a legar los unos y los otros es tan ruinoso, que hermanos que tanto se querían están a punto de dejar de hablarse y algunos incluso, tiempo al tiempo, llegarán a las manos y acabarán a hostias.

Conferencia de presidentes autonómicos coincidiendo con el inicio de la temporada de desove de las tortugas marinas del Caribe, y con la celebración de la Semana del Cerebro organizada por la Sociedad Española de Neurología, lo que ya de por sí es un casual sarcasmo, pues lo mismo es mucho pensar dar por supuesto que arrejuntadas todas las neuronas de nuestros califas se alcanza con holgura la mínima considerada por encima del umbral que separa a Einstein de un borderline.

Aquelarre de llorones. La Casa de Bernarda Alba. Había una vez un circo. Todos como lelos buscando su nombre en la pegatina del suelo para después salir fingiendo una mueca en el photocal. Todos menos Arturo, que está de campaña y que como va de culo, al contrario que Feijóo y Urkullu, ya no sabe cómo arreglárselas para salir en la foto dando la espalda a España.

Si Mourinho reconoce que la relación con su mujer es mucho mejor que la que tiene con Sergio Ramos, ni te cuento la relación que tiene el abajo firmante con la clase política. Con las élites que manejan los inciertos destinos de este calamitoso país empieza a pasar lo que a los franceses con la primera dama, Valérie Trierweiler, madame Hollande, que no se sabe muy bien si es ella la que no está a la altura de su papel como consorte o es el país el que no está preparado para una mujer como ella.

Cada vez que Mariano habla de la “mayoría silenciosa” y la Delegada Cifuentes, belle de jour, se pone molona y sargentona, no sé por qué me viene a la mente el anuncio del antihemorroidal. Que se sepa, Rajoy no se ha luxado el codo, como Puyol, pero lo cierto es que estará más de un mes sin saltar al césped del Congreso. A falta de parte médico, el motivo de tan larga ausencia es una incógnita, pues debe formar parte de algún expediente equis, como el peso de Lady Gaga. Debe de pensar lo que el diseñador Jean Paul Gaultier: «Me gusta que mis musas hablen; pero los hombres objeto, mejor callados».

El Camp Nou berreará ¡independencia! el domingo y las huestes de Sandrito Rosell repartirán 98.000 cartulinas rojas y amarillas para formar un mosaico con la senyera. Por mí, como si se la machacan con el flequillo expuesto al viento de Levante.

Más me preocupa el rescate de España, que está más cantado que la reelección de Florentino como patriarca merengue vitalicio. Aunque lo que debiera de tenernos cabreados como mandriles es el descojone que se llevan en el resto del mundo a nuestra costa. «Yo no quiero ir por el camino de España», ha dicho el aspirante yanqui al despacho oval de la Casa Blanca. Menos mal que Romney se presenta por el partido republicano.
Si es verdad que las lágrimas reducen el apetito sexual, démonos por jodidos con largos años de inapetencia carnal. Ojalá se arreglara con un chute de ácido acetilsalicílico; pero me temo que no nos libran del dolor de cabeza ni todo el stock de aspirinas Bayer de la fábrica de Langreo.

Dejación de soberanía. De tanto estar «a verlas venir», como se lamenta Anson, acabarán saltándonos un ojo de una pedrada y ya nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto.

Aunque para pedrada, la que le ha arreado a la casta política el tal juez Pedraz, el «pijo ácrata» (según el no menos pijo portavoz pepero Rafael Hernando), ese de la melenita que aprovecha sus autos de fe exculpatorios para escribir columnas de opinión acerca de la «decadencia de la llamada clase política», y que bien merecería que los chicos de la calle cercaran su despacho de la Audiencia Nacional y le administraran su propia medicina.

Claro que lo mismo que digo lo que digo, digo que Pedraz ha dicho una verdad como un piano, y aun se ha quedado muy corto y timorato en su juicio sobre los políticos, que aun siendo como son una calamidad, son un mal necesario. Lo que sucede, querido Santiago, es que una vez más te ha perdido el hambre de foco, te has equivocado de foro y has metido la pata hasta el cuajo.

Pero a quien de verdad estoy empezando a tener ojeriza, de pura envidia cochina, es a Alberto Casillas, el camarero del 25-S, que no contento con haberse convertido en un héroe, va el tío y le arrea un magreo en el plató de la tele del planeta Lara a Susana Grisso.

Comprenderán que lo mejor de la semana sea el romance confirmado de Pilar Rubio con el de Camas, y la portada de Interviú con el tetamen melonero en suspensión de Mercedes Milá dándose un chapuzón en Baleares, como si fuera Romy Schneider en la famosa escena de La Piscina de Jacques Deray, cuando se andaba en amores con Alain Delon. Prefiero a Monneypenny.

Está llegando España a tal punto de sadismo, que debería pasarse por el diván de una consulta de psiquiatría. Y no lo digo por el vídeo de YouTube en el que aparecen los dos policías locales de Cerdanyola haciendo el cafre, aunque donde deberían estar es enchironados en el calabozo del cuartelillo de la Benemérita. En una de estas a España se la lleva la riada y a todos nosotros, en lo alto de la cresta de la ola de lodo, con los pies por delante.

Me consuelo pensando que lo mismo no es para tanto y que lo que pasa es que tengo un problema parecido al de Susan Sarandon: que yo para mis adentros «soy muy intensa» y me tomo las cosas del querer, España y olé, más a pecho que una tonadillera.