Opinión

El horizonte electoral del PSC

Sábado 06 de octubre de 2012
Ayer viernes era oficialmente el primer día de campaña electoral en Galicia y Euskadi, con ostensibles diferencias. Falta algo más para las catalanas, si bien aquí puede decirse que la precampaña empezó hace ya mucho. En el caso gallego, hay interés por saber si Núñez Feijoo será capaz de reeditar la mayoría absoluta y ver en qué medida afecta la dimisión del alcalde de Orense al socialismo gallego. Euskadi, por su parte, asistirá más que previsiblemente a la defección del actual ejecutivo vasco del PSE sustentado por el PP, a causa del confuso rumbo tomado por Pachi López y sus flirteos con la izquierda abertzale.

En Cataluña todo es más complejo, tanto por el posicionamiento secesionista de Mas como por la descomposición interna que vive el PSC. Aquí, sobre el papel, todo debía haberse cerrado con la victoria de Pere Navarro sobre el sector más rupturista encabezado por Montserrat Tura y Ernest Maragall entre otros, pero no ha sido así. Antes al contrario, esta misma semana el propio Maragall se descolgaba con unas declaraciones en las que afirmaba que, a día de hoy, no votaría a su propio partido. Hay que recordar que Maragall es referente de un sector de dirigentes socialistas catalanes cuyas simpatías por el nacionalismo les han llevado a adoptar posturas claramente secesionistas. Ocurre que ni los nacionalistas los ven como “suyos” ni las bases del PSC, por lo demás bastante más sensatas que sus representantes, se identifican con ellos.

El resultado ya se vio en las pasadas elecciones autonómicas: debacle de los socialistas catalanes. Y ahora van por la misma senda, en gran medida por la tremenda indefinición que vive un PSC que mira con recelo a Ferraz y de reojo hacia el secesionismo de CIU y Esquerra. Es precisamente Ferraz quien debiera tomar cartas en un asunto que puede írsele de las manos. El problema empezó con Zapatero, que hipotecó la vocación nacional del partido en aras a abrazar postulados nacionalistas para aislar al PP, con Cataluña como banco de pruebas. Ahora Rubalcaba debe evitar que sus compañeros catalanes dejen huérfano a un importante sector del electorado, que no sabe a qué atenerse.

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