Opinión

Turquía y el conflicto de Siria

Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 06 de octubre de 2012
La tensión entre Turquía y el régimen de El Asad ha crecido en los últimos días. Ankara viene apoyando políticamente desde hace más de un año a los rebeldes sirios, que no terminan de sufrir una derrota ni llegan a alcanzar aún la victoria. Mientras El Asad resiste gracias a las diplomacias rusa y china y a la ayuda de Irán, Turquía ha evitado una catástrofe humanitaria colosal acogiendo a los miles de refugiados y desplazados del conflicto.

Los rebeldes resisten porque, a su vez, reciben auxilio militar, financiero y diplomático del exterior. La dirección política del movimiento rebelde –si es que alguien lo dirige- está en la capital de Turquía. Desde allí llegan cada semana las noticias de las matanzas del régimen y de su debilidad extrema: las deserciones, la desmoralización de las tropas y el enquistamiento del conflicto.

Sin embargo, esta semana tropas sirias han atacado el territorio turco y han provocado las represalias de Ankara. El Primer Ministro, Recep Tayip Erdogan, ya ha descartado que vaya a haber una guerra turco-siria. La decisión es correcta: la mayor baza de los rebeldes es la deslegitimación del régimen de Damasco. Cada día, las cámaras de Al Jazeera muestran al mundo islámico las atrocidades de las tropas de El Asad y refuerzan moralmente a los rebeldes. Los intentos de Damasco para detener esta batalla propagandística han sido en vano. Turquía gana crédito y liderazgo como potencia moderna islámica mientras Damasco y Teherán aparecen como los regímenes opresores que –a lo largo de la Historia del Islam- han desatado la guerra de resistencia y rebelión. Una de las cosas que justifica la Yihad en el Islam sunní es precisamente la lucha contra el tirano.

Así, Ankara seguirá ayudando a unos rebeldes que siguen resistiendo. Es cierto que nadie sabe bien quién domina el movimiento ni quién lo compone. Militares desertores, delincuentes comunes, islamistas, yihadistas, salafistas, mercenarios y extranjeros de toda condición se mezclan con sirios que luchan porque saben lo que les aguarda si al final El Asad gana. Nadie cree las promesas de amnistía y perdón del Presidente que heredó la forma despiadada de gobernar de su padre.

Mientras tanto, el descontento crece en Irán. El gran bazar de Teherán, crucial en la movilización de masas contra el Sha, ha cerrado días enteros por los desórdenes callejeros. El rial –la divisa iraní- pierde su valor hora a hora y el Gobierno de Ahmadineyad utiliza a los servicios de inteligencia y el aparato policial contra los especuladores, lo que aumenta el temor y el desorden. Así, es difícil valorar cuánto tiempo podrá durar la ayuda iraní a Siria. Si Chávez cae en Venezuela, los Asad perderán su mejor aliado en América.

Así, Ankara no necesita una guerra. Los acontecimientos podrían terminar por brindarle una victoria moral y política en todo el mundo islámico.

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