Lunes 08 de octubre de 2012
Ayer el Nou Camp fue escenario de un vibrante partido de fútbol entre los dos mejores equipos del mundo. El resultado fue de empate a dos, pero quien realmente ganó fue el fútbol a la política; porque de lo que realmente se trataba era de eso, un evento deportivo y no un mitin secesionista. Durante toda la semana pasada, representantes de la clase política catalana y del propio F.C. Barcelona -empezando por su presidente, Sandro Rosell, y siguiendo por algunos jugadores- se dedicaron a caldear los ánimos con el manido eslogan de que el Barça “es más que un club”. Representa a Cataluña, cierto, en tanto en cuanto es una institución catalana con uno de los mejores historiales de títulos de la historia. Pero en lo que se refiere a representatividad, la tienen en mismo grado clubes como el Español, el Hospitalet o el Nástic de Tarragona. Y lo mismo puede decirse de Real Madrid, Rayo Vallecano o Getafe de su comunidad de origen.
Al fin y al cabo, se trata de deporte, y sólo eso. Un andaluz puede ser seguidor del Barcelona igual que un vasco del Real Madrid. El fútbol es una cosa, y la política otra bien distinta. No maridan bien. Ayer, unos cuantos nacionalistas intentaron convertir el clásico Barça- Madrid en una reivindicación secesionista. No lo consiguieron, pese al enorme despliegue de senyeras y demás cánticos antiespañoles. Y no lo hicieron porque, mayoritariamente, quienes asisten a un campo de fútbol lo hace para presenciar un acontecimiento deportivo, que no un mitin. Bien haría gran parte de la clase política catalana –así como algunos destacados miembros del Barça- en tomar buena nota. Y, por cierto, estos últimos deberían pensar que esa secesión que abanderan les dejaría sin partidos contra el Madrid, salvo en la Champions.
TEMAS RELACIONADOS: