Opinión

Merkel en Grecia

Miércoles 10 de octubre de 2012
No se esperaba que resultase nada fácil la visita de la canciller alemana Angela Merkel a Grecia, la primera en tres años desde que estalló la brutal crisis de deuda en el país heleno. Pero la realidad ha desbordado todas las previsiones. En un desafío a las autoridades, que, para evitar incidentes, había prohibido las manifestaciones en el centro de Atenas, miles y miles de ciudadanos se congregaron en la Plaza Sigmanta, cerca del Parlamento, que se ha convertido desde hace tiempo en el epicentro de los “indignados” griegos. Y decenas de ellos pusieron en marcha una violenta actitud, lanzando piedras y otros objetos, que provocó una contundente respuesta de la Policía.

La desesperación que anida en Grecia ha estallado con especial frenesí cuando tenían delante a quien consideran la causante de la situación en que se encuentran, y a quien en inadmisibles pancartas y proclamas equiparan con símbolos nazis de infausto recuerdo para toda Europa. Pero no es ni con violencia, demagogia, mentiras, o populismo como se solucionan los problemas. Los griegos no hacen otra cosa que echar balones fuera cuando se empeñan en mantener que Alemania les está obligando a tomar una amarga cicuta y no admiten su propia responsabilidad.

Evidentemente no es una situación agradable para nadie, pero la gravedad de la crisis exige más esfuerzos si se quiere empezar a ver el final del túnel. La señora Merkel ha señalado con toda lógica que “si no resolvemos los problemas ahora, volverán a aparecer más adelante de forma más dramática”. La canciller alemana ha realizado una visita valiente, sabiendo lo que iba a encontrarse, que explicita el apoyo de Alemania a Grecia para que no salga de la zona euro. Claro está que ese apoyo debe ser correspondido. El primer ministro griego, Andonis Samarás, ha dicho que su país está dispuesto a llevar a cabo todas las reformas necesarias. Sin duda, ese es el camino, que no debe quedarse en meras palabras. Grecia tiene el ineludible compromiso de cumplir ante la ayuda recibida. Cualquier otra cosa únicamente incrementaría y alargaría una agonía que no es un fatum decretado por Angela Merkel.

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