Economía

Crecer de nuevo es posible, pero muy duro

Crónica económica

Viernes 12 de octubre de 2012
Christine Lagarde ha vuelto a exponer cómo entiende el FMI la salida de la crisis. Los países desarrollados tienen deudas que se corresponden, dice, con una época de guerra. Sólo se podrán pagar con crecimiento. Nosotros podemos crecer de nuevo. Pero tenemos que hacer duros sacrificios.

Recogíamos en la anterior crónica que para ser solvente, España tenía que hacer tres cosas. Primero, reformar el Estado, tanto en su estructura como en los servicios públicos que presta. También debe reformar el sistema impositivo para que no se desplome con la actividad, y para que no sea demasiado gravoso para el crecimiento. El punto clave, con todo, era precisamente el de la vuelta al crecimiento económico.

El crecimiento tiene dos factores: la división del trabajo y la acumulación de capital. El primer elemento está asegurado: España es una economía muy abierta al mundo, integrada en el comercio y en las finanzas.

¿Y el capital? ¿Qué papel tiene en el crecimiento? El trabajo, aislado, aporta muy poco valor. Aislado, o en compañía de otros. Sin las herramientas necesarias para hacerlo más productivo, el valor del trabajo es prácticamente nulo. Sin estar encaminado a completar un proceso productivo, en combinación con otros, y cuyo fruto puede ser el bien de consumo o nuevos bienes intermedios, o dicho de otro modo: sin formar parte de un proceso capitalista, el trabajo aporta un valor inapreciable. El capital es lo que le otorga productividad, y por tanto valor, al trabajo. Eso incluye el capital humano, es decir, el conjunto de habilidades personales adquiridas por el empleado.

A partir de ahí, lo que hay que hacer es, o parece, muy sencillo: acumular capital y atraer capital. Empecemos por esto último. En primer lugar, éste huye de España a un ritmo pavoroso. Cada día que pasa somos más pobres. Pero podríamos darle la vuelta. ¿Cómo? Logrando que invertir en España sea atractivo. Lo será si los inversores ven que nuestra fuerza laboral tiene capital humano (que no es el caso, mayoritariamente), o que se puede contratar a precios bajos. Ah, pero los precios de contratación de los trabajadores españoles son altos, muy altos, en comparación con los de otros países. Luego lo que hay que hacer es bajar los costes laborales. Es decir, bajar los salarios.

El último boletín del Banco Central Europeo decía: “Una respuesta flexible de los salarios a las condiciones imperantes en los mercados laborales de la zona euro debería ser una prioridad”. Despojada de la jerga institucional, lo que está diciendo es que es prioritario que bajen los salarios. Hay muchos, muchos españoles que están deseando trabajar. Hay mucho capital que se podría interesar por un país con una relativa seguridad jurídica, como España, con muchas infraestructuras, y conectado con el mundo. Sólo hay que ponerlos de acuerdo. A un precio, claro está, que convenga a los inversores y a los trabajadores españoles. La elección, la dura elección que tenemos que hacer, es la de asumir que nuestros salarios, por lo general, tendrán que bajar de forma significativa para atraer capital.

También podemos acumularlo nosotros, con nuestro ahorro. Pero eso también es duro. Tendríamos que hacerlo con unos salarios a la baja, y con la necesidad de dedicar una parte de nuestra renta a reducir nuestro endeudamiento. Y, a partir de ahí, reducir nuestro consumo; es decir, bajar nuestro nivel de vida. ¿Podemos volver a crecer? Sí, pero con muchos sacrificios.

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