José Antonio Ruiz | Viernes 12 de octubre de 2012
España cambia de hora, pero no de vicios. Confieso que por más que lo intento, cada vez la entiendo menos. Le pasa a este cronista como con la innecesaria muerte de Di Caprio en Titanic, donde el guionista pecó de masoquista. Para restar dramatismo a la tragedia, acabaremos negando la evidencia como Fernando Botero, que ahora se pone vacilón y dice que nunca jamás ha pintado una mujer gorda en su vida. Me parto, como en el New York Times, que se van a volver a descojonar de la risa a nuestra costa, y con motivo, cuando se enteren de que el disfraz de Ecce Homo encabeza las listas de ventas para Halloween por delante del Mortadelo del genial Ibáñez.
Los cerebros del CIS han preguntado a la calle si cree en la decadente casta política y en el estado de las autonomías. Pero no se han atrevido a preguntarle al peatón anónimo si cree en España, por si acaso la respuesta es tan grosera que nos vemos en el aprieto de agachar la cabeza y bajar la persiana, heridos en nuestra sensibilidad. Sociedad civil, camelancia elevada a la enésima potencia.
Cierto es que para querer ser político hoy en España hay que tener la tensión muy baja; pero para ser ciudadano, ni te cuento, pues la inmensa mayoría del ganado prefiere reconocerse como pueblo. Al tiempo, acabarán retirándonos el pasaporte de patriotas renegados a quienes nos encerrilemos en ir de por libre, sin cabrero que nos marque el camino.
Visto está que la calle está más sobrevalorada que los cursos de inteligencia emocional para ejecutivos agresivos; y que el sujeto individual pensante que haya tomado la determinación de emanciparse del establo, condenado parece estar a vivir sus días de exilio interior fuera de la protección de los pastores del rebaño.
La imagen de Arturo tratando de inflar Más y más un globo (sonda), metáfora sórdida de la Catalunya cavernícola, además de grotesca resulta tragicómica y patética. El baranda quiere ser el gran chamán de la tribu desposeída; pero de momento, por lo que pudiera pasar, le pide a España 5.433 millones de talegos para ir tirando, no vaya a ser que se queden sin fondos en las embajadas, en los “medios de felación”, digo de comunicación, y en todas aquellas instancias que le bailan el agua a cuenta del contribuyente español. Aun siendo de piedra, los toros de Guisando (que como se sabe no son toros sino verracos, o sea, cerdos sementales) tienen la cara menos dura.
Están jugando con niños, al más puro estilo fascistoide. No está lejos el día que acabe prosperando también aquí en Iberia un partido tan surrealista como el de la Rabia, que ha concurrido a las elecciones de Sicilia con un perro bulldog, de nombre Stefano, como cabeza de lista de la candidatura. En común tiene con el resto de aspirantes bípedos, que todos ladran y alguno hasta inclusive muerde, sin distingo de raza ideológica ni diferencia intelectiva entre persona, animal o cosa impensante.
Mi querido ministro Wert ha hecho explícita en el Congreso su intención de “españolizar” a los niños catalanes, segunda metedura en cuestión de días; y la horda nazionata, con la señora consejera de Educación, la sectaria Irene Rigau, a la cabeza de los cabestros, sale en tromba más ofendida que una actriz chusquera de serial televisivo carbieño, diciendo que semejante barbaridad es «preconstitucional». (…) Lo que es “pre totalitario” es el oasis catalanoide y no se quieren dar cuenta, pues prefieren seguir relinchando cuando escuchan el nombre en vano de España, donde mientras hasta doña Letizia se atreve a hacerle la cobra al príncipe Felipe en la fiesta de la banderita.
Es la misma España que está que trina con Mariano el indolente, que desde Paris, mon amour, va y dice con voz campanuda, a la altura del pararrayos de la Torre Eiffel, que la intención de su Gobierno es hacer que «todo el mundo se sienta orgulloso de ser catalán y español».
Con los pies en el suelo, mirando de reojo a la Cibeles, opina en cambio el abajo firmante que a los jóvenes no hay que educarlos ni mucho menos adoctrinarlos para que estén orgullosos de ser españoles o para que abjuren de España desde la Catalunya facha de los arribistas nacional independentistas; sino para que sean ciudadanos pensantes, que se guíen por el respeto y el compromiso con la sociedad, por la razón y a ser posible por el corazón. ¡Cuánto mejor le hubiera ido a esta España lerda si en lugar de tanto espíritu nacional hubiese fomentado la cultura de los ciudadanos libres!
Lo que tendría que procurar el Gobierno, en lugar de empeñarse en españolizar a los españoles que no quieren ser españoles, es velar por el cumplimiento de la ley, la Constitución y las sentencias judiciales. Si no, se me antoja improbable que a Rajoy le agasajen algún año con el Premio Bravo que otorga Telefónica, que ya no es Nacional ni de España, y que este año ha recaído en Vicente del Bosque.
2.056 años después de su asesinato, los investigadores han conseguido determinar el lugar exacto en el que fue apuñalado Julio César: en la Curia romana de Pompeyo. Con suerte, Mariano y Alfredo, ambos dos últimamente muy cool, de aquí al día en el que todos estemos calvos caerán en la cuenta de que esto no puede seguir así, lo mismo pasen otros 2.056 años.
¡Qué pena! Este año la ex ministra de Defensa Carmen Chacón no ha gritado ¡Viva España! el día de la Fiesta nacional al paso de la cabra de la Legión. Resulta que la culpa la tienen los del PP que son «una máquina de hacer independentistas». No sé si pensando en Carmina hemos escuchado decir esta semana a Joaquín Leguina que «la inmensa mayoría de los que dirigen el PSOE no han trabajado nunca», pues la verdad sea dicha que tiene donde elegir.
España, colosal disparate, Torre de Babel, burladero de mantillas y peinetas. No hay día sin sobresalto. Nadie parece estar a lo que tiene que estar; por eso pasa lo que pasa. Sólo superaremos la postración el día que como Jean-Paul Belmondo hayamos muerto al final de la escapada de la «espiral de muerte y caos» que vaticina The Economist como un presagio irremisible del acabose.
La Audiencia Nacional ordena el decomiso de cinco fincas de Mario Conde. Mira que han tenido tiempo los togados de las puñetas de ejecutar la sentencia. Ahora resulta que es el sistema el que le tiene ojeriza al ex banquero hoy reconvertido en valedor de sí mismo, que apela a su condición de víctima para postularse como regenerador del mismo sistema que primero le encumbró a la cúspide del poder y la gloria, y después le abrió juicio sumarísimo y le envió a la trena.
Huele a funeral. Será por eso que las mujeres de Mariano ya se están probando el luto en la pasarela vaticana. La imagen de Soraya y Cospedal, de mantilla y peineta, asistiendo en Roma a la proclamación de San Juan de Ávila como doctor de la Iglesia Universal, parece como salida de Los gozos y las sombras torrenteballesterianas.
Si a nivel atómico el “teletransporte” es posible, no perdamos la esperanza de poder desaparecer un día de España y reaparecer en otro sitio a millones de kilómetros de distancia, o sin necesidad de viajar tan lejos, mismamente en el Japón, donde está causando furor el “bagelhead” entre los tarados que se inyectan agua salada en el rostro, pongamos por caso en la frente.
Lo peor no es que las agencias de calificación, mangancia de intereses creados, rebajen la nota crediticia de España otros dos escalones y nos dejen a un escalón del abismo, sino que el resto de países del universo civilizado nos rebaje la nota como país al nivel del cubo de la basura.
Lo estamos fiando todo al jamón de Jabugo, Patrimonio Gastronómico de la Humanidad. Y vamos a acabar en la porquera.
El día que consigan ahogar la voz de la poca gente que todavía merece la pena como el juez Pablo Ruz, seré el primero en gritar con desprecio ¡España, que te den!
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