Opinión

Una España de Mas

Lunes 15 de octubre de 2012
Artur Mas volvía -una vez más- a desempolvar el franquismo para acusar al Gobierno central de pretender “una España grande y libre”. Franco murió en 1975, pero para los nacionalistas parece estar más vivo que nunca, a tenor de lo recurrente que les resulta o de lo mucho que se parecen al propio general Franco; como ellos, un nacionalista impenitente. El propio Mas se contradice al afirmar por un lado que en su sistema educativo se enseña “un Estado plurinacional” -algo que no es- para, acto seguido, negar que la escuela catalana sea “una fábrica de independentistas”. Eso es tanto como reconocer que, desde su más tierna infancia, a los niños en Cataluña se les muestra una visión deformada de lo que es España y, para colmo, sin permitirles escolarizarse más que en catalán y no en castellano.

Ya que se les muestra el haz, habría que enseñarles también el envés; como bien respondía Mariano Rajoy, “fuera de España y de Europa no se está en ninguna parte”. Allá Mas y el resto de nacionalistas con sus elucubraciones secesionistas, pero que sepan lo que viene después: salir de España implica inexorablemente salir de Europa para no poder volver. En mucho tiempo. Porque los demás también son independientes para votar y decidir lo que les acomode en las instituciones europeas e internacionales. Fuera del euro, de la ONU y de la OTAN, aranceles aduaneros, fin de la libre circulación de capitales, personas y mercancías por la Unión y un largo etcétera. ¿Ese es el “estado” que quiere Mas? En la España que propone Rajoy caben todos. Y quienes, como Cataluña, cuentan además con la riqueza de una lengua propia, esa suerte que tienen. Pero que dejen de usarla como arma arrojadiza, y se dediquen a solucionar problemas en lugar de ocultarlos tapándolos con esteladas nacionalistas excluyentes.

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