Economía

Un rescate tipo “rómpase en caso de incendio”

Crónica económica

Martes 16 de octubre de 2012
El Gobierno español está buscando una fórmula por la cual pueda recurrir a las compras masivas de deuda por parte del BCE sin que tenga que pedir un rescate de verdad, y para que, al final, tampoco necesite que el BCE compre deuda. Un juego fatuo con el que se quiere salir del paso. Por José Carlos Rodríguez

The Wall Street Journal y Financial Times coinciden. El Gobierno español está pergeñando un plan que, resumido, se podría explicar con las primeras palabras de esta crónica. Consiste en que el Gobierno pediría una línea de crédito al fondo de reserva europeo, el MEDE. Si lo hace, solicitaría, efectivamente, un rescate. Pero, y esto es lo característico de este plan, no se haría efectiva la entrega de ese dinero. Es un crédito, sí, virtual. Suficiente como para que el BCE pueda comprar deuda española como si no hubiese futuro. Porque todo lo que exigía el BCE es que España pidiese un rescate, y esto sería un rescate. Mario Draghi no mencionó que a él le bastaría con una mera formalidad, casi un juego de palabras.

A esto hay que sumarle varias consideraciones. España ya está rescatada, aunque no por completo. Tiene otra línea de crédito abierta, de 100.000 millones de euros, para financiar el proceso de restructuración bancaria. Ya recogimos aquí que Oliver Wyman calculó que la banca necesitaría 59.300 millones a 31 de diciembre de 2011, que serían 53.745 a la hora de entrega del informe, y que el Gobierno cree que al final sólo pediría unos 40.000 millones de euros. Pero también dijimos que, bien leído, el informe de OW señalaba que las necesidades del sistema financiero español superan los 100.000 millones.

Segunda consideración. Mario Draghi dijo que el rescate tendría que estar sometido a un “estricto condicionamiento”. Lo que otros, con menos cariño hacia nuestro idioma, han llamado “estricta condicionalidad”, por la cercanía con el término inglés. El Gobierno confía en que lo que ha aprobado y lo que ha anunciado es ya suficiente. De hecho, puede presumir de que es el único que ha hecho todo, todo, lo que le ha pedido el Consejo Europeo. Ahora bien, aquí se produce una tensión evidente. Por un lado, el Gobierno puede esperar que no le exijan más, pero lo más probable es que le sugieran, o le digan, que congele las pensiones este año, el que viene o los dos. Por otro, está abriendo la mano con las CCAA.

Y tercera consideración. Es un crédito que funciona como los extintores. Esos que están tras un cristal, con un mensaje que dice “rómpase en caso de incendio”. Mientras está ahí, no apaga ningún fuego, pero ofrece la seguridad de que podremos controlarlo. El Gobierno cree que con este préstamo virtual podremos desencadenar la compra virtual de bonos por el BCE, y que la prima, que también tiene algo de virtual, caerá a plomo hasta recostarse en los 150 puntos básicos.

Con una deuda más barata, podremos rebajar el gasto destinado a los intereses y ese margen nos acercará al cierre del déficit. Pero no. El año pasado cerramos con un déficit del 9,44 por ciento del PIB. Con una caída de la producción del entorno del uno y medio, sin tomar las medidas necesarias para reconducir la situación. De modo que la realidad se acabará vengando de esta hábil concatenación de virtualidades en que confía Mariano Rajoy.

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