Opinión

¿Qué es una Confederación?

Pepa Echanove | Miércoles 17 de octubre de 2012
Vivir en una Confederación en el centro de Europa es, entre otra cosas, desayunar cada mañana una tostada con Butter-beurre-burro producida dentro de la Confederación, mojada en una taza de café con Milch-lait-latte ordeñada dentro de la Confederación, y entretenerse leyendo las etiquetas trilingües de los envases de mermelada para averiguar qué porcentaje de los Zutaten-ingrédients-ingredienti proviene de la Confederación que lleva por siglas CH. Vivir en una Confederación es también ir cada día a un trabajo dignamente remunerado en Zug-train-treno con un abono válido para todas las rutas de la Confederación y a un precio equivalente por trayecto equivalente para todos los usuarios, quienes además están de acuerdo en el principio esencial de utilizar el transporte público y contribuir a mantenerlo en buen estado.

Vivir en una Confederación es estar convencido de que el mejor y más seguro medio de transporte escolar es ir andando solitos con unas buenas botas, o en bicicleta o en patinete, porque todos los miembros confederados han mamado seguridad vial, autonomía y deporte desde la infancia, como han mamado la idea de que la mejor escuela es la del barrio y que la responsabilidad ciudadana implica, por ejemplo, no tirar las cápsulas de Nespresso a la basura ordinaria porque son reciclabes. Vivir en una Confederación es respetar las leyes de la Confederación, pagar las multas y los impuestos municipales y seguir a rajatabla el reglamento vecinal de buena convivencia independientemente de que seamos maestros, banqueros, secretarias, carniceros, ingenieros o poetas. Vivir en una Confederación es aceptar que unos sean católicos, otros protestantes y otros naturistas, y no protestar por ello; como tampoco protestar porque en unos Cantones se hable exclusivamente alemán (63%), en otros francés (20,4%), y en uno italiano (6,4%) (en Suiza el Romanche es muy minoritario). Vivir en la Confederación Helvética equivale a decir ‘soy suizo’ y sentirse orgulloso del conjunto y de su bandera tanto como del elemento particular de donde se es originario. Vivir en la Confederación es promocionar y proteger desde cada rincón la variedad de sus costumbres, de su gastronomia y la diversidad de sus tradiciones, así como sus símbolos universales, desde la dulce Heidi hasta el héroe sagrado de las canchas y el más federado de todos: Federer. Vivir en esta Confederación es, principalmente, ignorar el nombre, el estado civil, la orientación religiosa o sexual de quienes dirigen y administran la dicha Confederación, incluso desconocer las siglas de su afliación política, porque al pueblo confederado sólo le interesa de ellos su capacidad de gestión y de ejecución de las leyes, el equilibrio de los ingresos y los gastos, el desarrollo y la preservación de la calidad de vida y de la paz social en nombre de los 8 millones de confederados. Me parece que España está hoy muy lejos de ser una Confederación.