Juan Velarde Fuertes | Martes 22 de abril de 2008
Aunque su peso en el PIB parezca pequeño, por su significación en las exportaciones, por vincularse con el consumo nacional y por lo que supone socialmente el campo en el equilibrio territorial español, es preciso concederle una prioridad importante. Y he ahí que conviene copiar literalmente del artículo de Jaime Lamo de Espinosa, “El campo, bastante ausente en la campaña electoral”, aparecido en “Vida Rural”, 1 de abril 2004, sintetizando una parte del catálogo que ofrece de serios problemas que penden sobre él. “Los cereales suben a ritmos desconocidos; la leche, igual; ... los países que tienen reservas de cereales cierran sus fronteras; ... los costes de la ganadería se disparan... Falta agua, además, en muchas de nuestra regiones... Tenemos sobre la mesa una nueva OCM del vino, que abre más incógnitas de las que cierra... Disponemos también de otra reciente OCM de frutas y hortalizas, que ya ha abierto ronchas entre productores compitiendo entre comunidades y entre unos y otros en la lucha por la prima por hectárea... Existen problemas con los OMG (Organismos Modificados Genéticamente) -cuya necesidad ya nadie pone en duda, pero a los que la Comunidad no acaba de abrir su mercado ; los mercados de cereales piden más y más... y ... ni la nueva Rusia es capaz de reaccionar con celeridad ni la UE muestra un atisbo de imaginación poniendo sobre la mesa una nueva PAC... y en el interior disponemos cada vez mas de menos mano de obra capacitada... Y a ello (se) añade la financiación... Y... el petróleo a 108 dólares el barril y los fertilizantes y semillas subiendo por la montaña rusa”.
Existe, pues, una gran inacción en este sector, que conviene denunciar como hace el profesor Lamo de Espinosa, y que amenaza, y cómo, a la estabilidad socioeconómica española.
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