Viernes 19 de octubre de 2012
Semana un tanto rocambolesca para Cuba, en donde el país caribeño ha protagonizado gran parte de los titulares informativos, tanto por el 50 aniversario de la crisis de los misiles como por el anuncio de una sorpresiva reforma migratoria en donde se elimina el engorroso permiso de salida para aquellos cubanos que vayan viajar al exterior. Todo ello enmarcado en la ola de rumores que ha circulado en los últimos días por las redes sociales, sobre la presunta muerte de Fidel Castro, quien no figura en la escena pública desde abril y cuyas “Reflexiones” en el diario oficialista Granma han dejado de hacerse eco desde julio.
Un alud noticioso que ha desencadenado las esperanzas y el escepticismo de los cubanos, que aguardan expectantes un futuro que depende de un presente aún anclado en el pasado. Si bien el fin de la “carta blanca”; medida que entrará en vigor a partir de enero de 2013; ha supuesto un paso importante en el sistema de reformas que impulsa Raúl Castro para actualizar el socialismo cubano, lo cierto es que este derecho no será de libre acceso para toda la ciudadanía, ya que el régimen mantiene “restricciones” a aquellos ciudadanos cuyas actividades son consideradas “vitales” para el país; léase, funcionarios, médicos, maestros, profesionales de alto nivel y atletas.
Por lo que tal flexibilización es solo un parche para “maquillar” el entramado represivo sobre el cual se ha cimentado el país caribeño en medio siglo de sistema comunista. Asimismo, la “reaparición” virtual del líder revolucionario, Fidel Castro, en una misiva dirigida a los profesionales que se graduaban del Instituto de Ciencias Básicas y Preclínicas Victoria de Girón, es otro intento del politburó galeno de sostener lo insostenible: un modelo de gobierno que no tiene ni pies ni cabeza en el mundo actual.
Va siendo hora de que el Gobierno, hoy a cargo de Raúl Castro, asuma una postura pragmática y realista hacia el proceso de reforma que intenta poner en marcha en la Isla. Pese a permitir medidas importantes como la compraventa de inmuebles o la flexibilización del sistema migratorio; el Ejecutivo de La Habana debe dar pasos más claros y contundentes para dar cabida a un proceso de transición democrática en Cuba, que tarde o temprano llegará, ya que la dictadura se marchita a medida que se marchitan sus líderes.
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