CRÍTICA
Domingo 21 de octubre de 2012
Daniel Yergin: The Quest. Energy, Security and the Remaking of the Modern World. The Penguin Press. New York, 2012. 804 pages. 21,48 €
La necesidad de encontrar fuentes de energía que facilitaran la vida del hombre sobre la tierra es una preocupación tan antigua como la misma humanidad. La necesidad de hacerlo de manera sostenible respondiendo a las crecientes necesidades de una población en crecimiento demográfico y económico constante se ha convertido en uno de los temas centrales de nuestro tiempo. Quizás el que con mas agudeza describe las oportunidades y las incertidumbres del futuro del mundo en que vivimos.
Daniel Yergin, escritor especializado en temas energéticos, autor de varios libros dedicados al tema, galardonado con el Premio Pulitzer por uno de ellos –el titulado The Prize- nos ofrece un completo y exhaustivo, al tiempo que meticulosamente documentado, vademécum sobre el tema. Y lo hace de manera en la que se entrecruzan visiones épicas, triunfos y tragedias individuales, descubrimientos tecnológicos, repercusiones económicas y alternativas políticas. Sin olvidar la siempre oportuna necesidad de mantener un estilo fluido y cuidado, que facilita la progresión de la lectura y multiplica su interés, Yergin ha compuesto un volumen que debería figurar como libro de cabecera para todos aquellos –políticos, empresarios, economistas, simples curiosos- que quieran y deban contar con una descripción global y fiable de las necesidades y de las posibilidades energéticas en el mundo actual.
Yergin evita cualquier deriva dogmática u ideológica para concentrarse en la gran pregunta: como asegurar mejor las necesidades energéticas de una masa humana que en los momentos actuales genera un valor económico global de 65 millones de dólares para alcanzar previsiblemente los 130 millones en el año 2030. La respuesta, que no es dogmática sino descriptiva, se encadena en algunas proposiciones tan simples como sabias: las recetas deben ser articuladas en un nivel globalizado; no hay métodos unívocos ni procesos milagrosos: conviene investigar en cada momento las mejores posibilidades del “mix” energético; ni el alarmismo ni la complacencia están justificados: la evolución tecnológica está permitiendo continuamente el descubrimiento y la puesta en valor de nuevas posibilidades energéticas pero los combustibles fósiles no son eternos ni limpios; y, a la postre, conviene sobre todo mirar alrededor con ojos realistas: en el año 2030, cuando el consumo energético sea al menos un 35% mayor del que hoy conocemos, todavía los hidrocarburos seguirán suministrando entre el 75 y el 80% de la energía mundial.
La que Yergin describe es, en efecto, una historia fascinante que, presente en la historia de los humanos desde el alba de la Creación, ha conocido en los últimos ciento cincuenta años una evolución de todo punto impresionante. Partiendo de la utilización de la fuerza humana y animal o de las primeras y rudimentarias utilizaciones de las fuentes de energía, hemos transitado en pocos decenios del vapor a la electricidad, de los hidrocarburos a los hidratos de carbono en forma de biofueles, de las fósiles a las renovables, de la hidráulica a la nuclear, de los molinos de viento de Don Quijote a los parques eólicos de la actualidad, o a las granjas solares en sus diversas manifestaciones. Es esta una historia donde se alía la necesidad y el ingenio para producir resultados espectaculares. Y donde también surgen nuevos imperativos. Fundamentalmente el de procurar que la sostenibilidad energética no afecte negativamente a la sostenibilidad medioambiental. Y que consiguientemente, en un mundo en donde siempre primará la constatación de que los recursos energéticos, cualquieras que ellos sean, no son ilimitados ni aisladamente perfectos, urge también la práctica de una educación que abarque tanto a productores como a consumidores en la austeridad y en la eficacia de su utilización.
The Quest sirve también y poderosamente, para matizar los tópicos y las sabidurías convencionales que en la rumorología habitual suele acompañar al mundo de la energía. Rumorología que invariablemente califica al carbón, a los hidrocarburos y a la energía nuclear como los malos de la película mientras concede cotas de “bondad” sin límite a las renovables, particularmente solares y eólicas. Todo viene con su precio y su correspondiente coste. Y también su tiempo. Pero de algo hay que vivir cuando resulta que actualmente el impacto conjunto de las solares y las eólicas en la producción mundial de electricidad no alcanza el 10% del total. Y cuando las exigencias de limitación de emisiones del CO2, cuya conveniencia hoy nadie pone en duda, -aunque subsista la gresca científica sobre el impacto humano en la capa de ozono-, choca poderosamente con las necesidades de desarrollo de los grandes países emergentes, particularmente de China e India, cuya queja permanente es bien conocida: la de sospechar que los países industrializados lo llegaron a ser contaminando sin control mientras que ahora pretenden que los demás no hagan lo que ellos hicieron para conseguirlo. Que Daniel Yergin haya examinado toda esa complicada trama con rigor científico, calidad literaria y espíritu ausente de aprioris políticos o ideológicos es cosa de agradecer. Tiene The Quest 721 páginas sin incluir las notas. Todas son igualmente aprovechables.
Por Javier Rupérez