Cultura

¡No acuda sólo a los museos!

EL PODER DE LA MIRADA

Lunes 22 de octubre de 2012
La mayoría de las últimas tribunas de este constitucionalista aficionado al arte recogen, como no puede ser seguramente de otra forma, las mejores exposiciones, mayoritariamente nacionales, con que nos agasajan, pues un agasajo en toda regla, nuestras más sobresalientes pinacotecas e instituciones y fundaciones. Pero hoy les quiero hacer una invitación a que se acerquen, paren y deleiten con obras de artistas “menores” en alguna de nuestras cada vez tristemente más escasas galerías de arte. Pues, no lo olviden, en la práctica totalidad de ocasiones, los mejores lienzos de los mejores museos, han estado ante colgados de las paredes de las emblemáticas galerías de los Vollard, Kahnweiler, Gagosian, Castelli …

En España hay comprometidos galeristas que llevan muchos años, en un contexto difícil y minoritario, acercándonos al mundo del arte. Entre ellas, una de las clásicas, es la Galería Leandro Navarro, donde estos días pueden disfrutar de una retrospectiva de Manuel Millares. Un extraordinario artista que, a pesar de fallecer prontamente con la edad de sólo cuarenta y siete años, ocupa una de las páginas principales de la historia moderna del informalismo nacional, junto con los Tapies, Canogar, Viola, Feito… Una Exposición que, en un momento de desazón y tristeza como el que vivimos, al socaire de los recortes salariales, de una rigurosa política fiscal y de un temido rescate, casa perfectamente con el atribulado estado de ánimo de los ciudadanos españoles. En su obra no hay casi espacio, pasados sus primeros años, para el joie de vivre, más bien todo lo contrario: el pesar, el dolor, el desarraigo, la pena, la soledad… Millares es uno de los aventajados exponentes de la turbación del hombre moderno, el homúnculo, perdido en una existencia ininteligible y adversa. Sus telas y papeles, presididos por el negro y el blanco, y sus arpilleras zaheridas, acuchilladas y rotas, representan inigualablemente las facetas existencialistas sobre las que teorizaban los Kierkegaard, Sartre o Camus.

La segunda de las invitaciones es para que se dejen caer por la Galería de Guillermo de Osma, una de mis favoritas, y otro de los nombres emblemáticos, si deseamos acercarnos al tiempo de las Vanguardias, el surrealismo, quizás el movimiento preferido de mi buen y admirado amigo Guillermo, y a los mejores representantes de la denominada Escuela de París (Ángeles Ortiz, Bores, Palencia…). Aunque la muestra a la que les animo visitar, tiene, en estos días, un perfil algo diferente. Guillermo de Osma persevera en su riguroso compromiso con la modernidad y la calidad de las obras expuestas, pero nos abre las puertas a una manifestación artística diferente a todas las demás, el collage, y a un personaje destacado, como fue Franz Roh. Un nombre mayoritariamente conocido sin embargo entre nosotros por la publicación de su obra El Realismo Mágico (1925) en la siempre atenta Revista de Occidente.

Del collagista alemán se pueden ver una serie de interesantísimos collage, herederos del surrealismo (Max Ernst), el dadaísmo (Höch) y del cubismo (Picasso), que nos arrastran “a la alegría de volver a ver”, propia de un tiempo presidido por la naturalidad, la ausencia de clasicismo, la falta en muchas ocasiones de técnica, y el carácter impersonal y colectivo de la obra de arte. Para incorporarse al collage, para incorporarnos al collage, basta un poco de atrevimiento, un papel, unas tijeras y la goma de pegar. Como ven, escaso equipaje, pero un gran reto. Metáforas, en muchos casos casi líricas, y siempre sentidas como auténticas, por donde desfila toda una pléyade de los más variados motivos. Aunque Roz parece decantarse mayoritariamente, como nos recuerda Isidro Hernández Gutiérrez en el preciso texto del catálogo escrito para la ocasión, por las “figuras anatómicas, los motivos animales y vegetales, o las escenas marinas, siempre en un contexto que se nutre de las revistas ilustradas del siglo XIX. Todo un discurso polivalente repleto de metáforas, animismo, alegorías, presentimientos, viveza y chispa, inconformismo y misterio.

Pero no hay sólo obras de Roz, la mayoría de los años treinta, con algunas de los cuarenta y cincuenta: También podemos ver los collages de artistas de otros hacedores españoles nada desdeñables: los de Alfonso Buñuel, sobre todo de Adriano del Valle, y de Benjamin Palencia. Lo dicho: ¡Vamos, pues merece mucho la pena, de galerías!

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