Opinión

La conjura de los miserables

José Antonio Ruiz | Viernes 26 de octubre de 2012
Si Orson Welles viviera entre los alienígenas de la contemporaneidad, estoy convencido de que reescribiría para la radio el guión dramatizado de La guerra de los mundos de H.G. Wells que tanto acojonó a buena parte del orbe planetario hace ahora justamente 74 años, el 30 de octubre de 1938, a cuenta de una supuesta invasión marciana de Barcelona.

España paranoica y psicopática, al borde de la esquizofrenia. Los cazabombarderos del Ejército del Aire sobrevuelan el Tibidabo. Maniobras orquestales en la oscuridad, a plena luz del día. Del bombardeo de Guernica por parte de la Legión Cóndor del III Reich y de la Aviación Legionaria italiana, a la ejecución sumarísima del Barón Rojo a través de persona interpuesta (el pueblo español) a manos de cuatro chiquilicuatres salvadores de la patria con la pistola de la estúpida provocación siempre humeante.

La bunkerización de la razón y el sentido común. Volvemos a las trincheras y los tanques vuelven a echarse a las calles. De chantajistas, bribones, bravucones, euro comisarios felones, tarados mentales y “manteníos” políticos, que cantaría con honda amargura La Pantoja. España, extorsionada, sin rumbo y sin Rambo que nos proteja del ataque enemigo. La Hispania peninsular e insular empieza a no ser dueña de su propio destino, que se le está yendo de las manos por el desagüe del sumidero de los despropósitos.

Ni maximalismos ni tremendismos, pues lo último que necesita este simulacro de país con una tasa de desamparados laborales del 25% es conceder minutos de gloria al primer imbécil que pase por la puerta, pongamos por caso del Parlamento Europeo.

Está claro, a ojos del gurú Arriola, el consejero áulico del Zar, que Mariano no puede caer en la trampa de entrar en el juego macabro de los idiotas. Mejor dejarles que se cuezan en su propia salsa. Pero quiero pensar que su hieratismo, más propio de una escultura faraónica egipcia, no es consecuencia de la «falta de coraje» testicular que el Financial Times le reprocha a cuenta del dichoso rescate.

Dice Mohamed Al Zawahiri, dirigente yihadista egipcio y hermano del líder de Al Qaeda, que Occidente empuja a los musulmanes a la “yihad”. Y dicen quejumbrosos otros talibanes que se creen más civilizados aun siendo más bárbaros que Arnold Schwarzenegger en el papel de Conan el Bárbaro, que España está empujando a catalanes y vascos a la desafección y a la diáspora patriótica. La fractura social está servida.

¿Prudente o tibio? Una cosa es que el presidente del Gobierno no embista como un toro marrajo al cite de las provocaciones de unos imbéciles; pero otra bien distinta es que el Premier pontevedrés se achante como un cobarde y no movilice a todos los reservistas ante el gesto inaudito de los cuatro “eurojetas” (de CiU, PSC, ICV y el BNG) que han enviado una carta a la vicepresidenta de la Comisión Europea para que «suspenda el derecho de voto» de España en el Consejo Europeo ante los «riesgos reales de una posible intervención militar en Cataluña» por parte de España. Si no fuera preocupante sería hilarante.

Me niego a devaluar el asunto a la categoría chorra de comidilla intrascendente para energúmenos de foro. Aunque el asunto se presta inevitablemente a la guasa, más allá de la chirigota gaditana sigo pensando que el problema no es la disfunción neuronal de ciertos caudillos membrillos con más cara y mandíbula que vergüenza, sino que haya tanta gente que siga sus pasos, como las ratas al Flautista de Hamelin de los Hermanos Grimm.

El Código Penal debiera tipificar a no más tardar un nuevo tipo: la figura del sicario político.

¡Españoles! Nos están levantado en peso, como el fornido pizzero de Florida al candidato Obama, que el muy cabrito ha vuelto a ponernos a los españoles «cual no digan dueñas» (Quijote, 2ª, VIII). Lo malo es que sólo acertamos a echarnos unas risas cuando no es para tomarlo a broma sino muy en serio.

A este insignificante cronista cada día le cuesta más seguir creyendo en un país que nos deja tirados como perros moribundos en la cuneta, donde cada vez hay más votantes que están haciendo el viaje de regreso al árbol y a la cueva.

España de las necedades. “Ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”, que tararearía Emilio José, el cantautor primo de Julio Anguita, que en el 73 ganó el Festival de Benidorm.

Franco murió en su cama. Y el asesino y torturador Bolinaga morirá, cuando llegue su hora, como todo hijo de vecino, en la suya, aunque de seguir vigente la Ley del Talión merecería pasar sus últimos días encerrado en un zulo en la misma Mondragón. No pueden decir lo mismo las 829 personas asesinadas por ETA.

¿Clemencia del Estado de derecho? Por supuesto, pero antes que nada clemencia con las víctimas, que no pueden vivir para contarlo; y también con sus familias y personas queridas, que además de víctimas son víctimas vejadas. Con el pobre sujeto en cuestión, mejor dejarlo estar, que apure el último trago de txakoli de Guetaria en la herriko taberna del Faisán, pues no hay mayor condena que una vida tan miserable y baldía, y en el pecado llevará siempre la penitencia.

A Victoria Abril Hollywood le da acidez. Al abajo firmante, la puta razón de Estado.

No me preocupa (que también, y mucho) la descomposición del PSOE, sino la descomposición de España. No me preocupa lo que será de Cataluña el día después del 25-N, aunque me lo puedo imaginar con una Alicia Sánchez Camacho que sigue abusando del exceso de máscara de pestañas, como Natalie Portman. Me preocupa lo que será de una España desorientada que, víctima de tantas frivolidades, es incapaz de reconocerse en el espejo. Uno de estos días este simulacro de país creerá en sí mismo menos que el PSOE desnortado en su partida de nacimiento.

El problema no es el daño que han hecho los años convulsos de Zapatero al Partido Socialista hasta descogorciar de siglas sus acrónimos, sino el destrozo diferido que están haciendo a España, aunque esté el susodicho felizmente jubilado. Claro que para llegar a una conclusión tan de Perogrullo no hace falta que vengan los listos de Goldman Sachs a decirnos que el PSOE no ha tocado fondo todavía ni Bildu ha alcanzado su techo electoral.

Tenía que haber sido Rubalcaba y no Santiago Segura quien doblara al Conde Drácula en Hotel Transilvania. Pero no es a Alfredo a quien hay que pedir que dimita como secretario general de la cosa para dejar el campo libre a la inane Carmina Chacón, sino a José Luis que renuncie al Consejo de Estado y devuelva la paga, por no estar en condiciones de dar consejos a nadie.

El día que el PSOE celebre primarias, Bono (el cantante de la localidad albaceteña de Salobre) debería subir de un brinco al púlpito, atusarse el flequillo trasplantado del pescuezo y leer a la concurrencia ese párrafo de Séneca que dice que «no hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va».

Los socialistas andan necesitados de una buena confesión, para lo cual es preciso, tirando de catecismo, examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. Y mucho me temo que entre los “rojeras” incrédulos del PSOE, más allá de Pepe, Paco Vázquez y cuatro más muy piadosos para lo suyo y además muy de derechas aunque no hablen catalán en la intimidad con la soltura de Aznar, muy pocos están por la labor de la contrición.

Por lo que pudiera pasar, los hay en el PSOE que andan como locos de aquí para allá tratando de borrarse el tatuaje con el corazón y la flecha de Cupido que se hicieron como muestra de declaración de amor eterno hacia ZP en aquellos «días de Bibiana y rosas» (Anson dixit), ocurrencias delirantes y tontuna, mucha tontuna. Lo ha dicho Loquillo en la presentación de su disco La nave de los locos: «Ahora los políticos quieren ser estrellas del rock».

El problema no es que España sea objeto de discusión, sino que por miedo a discutir sucumbamos a los complejos y perdamos la batalla antes de plantar batalla democrática a tanto impresentable que se tira el cuesco de ser un demócrata oprimido, víctima indefensa de este Estado español tan impresentablemente totalitario.

Me pregunto qué habrá sido del espíritu de concordia de la Transición. Hemos traicionado tanto la memoria histórica, que a punto estamos de perder la memoria y convertirnos en unos desconocidos para nosotros mismos. Día llegará, España, en el que nadie recuerde tu nombre.

La reforma de la Constitución sería una salida sensata si no hubiera tanta gente insensata. Y este cronista no cree en el País Vasco que ha votado Bildu, por más que trate de ser comprensivo, ni en la Cataluña que se apresta a votar a los cenutrios, traidores de la razón, que no respetan sino que conculcan el estado de derecho.

Qué duda cabe que conocimos tiempos mejores. Está España más saqueada que el casoplón que Johan Cruyff tiene en Sarriá.

Hay tontos por tierra, mar y aire. La Gioconda se inspiró en La Moreneta. Lo que nos quedaba por oír.

Desde el búnker atómico, au rivederci con amor.

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