Concertación previa a la guerra antiterrorista en el Sahel
Domingo 28 de octubre de 2012
La visita de Hillary Clinton es específica a Argel. No habrá gira regiona. Clinton quiere medir in situ el grado de compromiso de los argelinos ante una intervención militar en toda regla en el norte de Mali y contra los cuarteles generales del terrorismo qaidista en el Sahel.
Para Washington el posible éxito de Hillary Clinton reviste un doble significado. En primer lugar es la continuación de la estrategia general de lucha contra el terrorismo puesta en marcha por Estados Unidos desde 2001 que le llevó a intervenir en Iraq, Afganistán, Yemen, Somalia y Pakistán. Pero además es un problema de política interna norteamericana. El lugar que ha alcanzado el debate sobre el ataque terrorista al consulado norteamericano del pasado 11 de septiembre en Libia, en los debates electorales de las inminentes elecciones presidenciales, ha obligado a la Casa Blanca a dar la máxima prioridad al expediente del AQMI en el Sahel.
La portavoz del departamento de estado, Victoria Nuland, ha sido clara: “La señora Clinton hablará con los responsables argelinos y específicamente con el presidente Buteflika de Mali y del asunto general del AQMI”. De ahí el carácter “muy particular” y “único” de la visita.
Para Washington hay un antes y un después del 11 de septiembre pasado. Hasta ese momento se mostraban recelosos ante una intervención militar de la CEDEAO, que sospechaban un simple apéndice de Francia. En ello coincidían con Argel, que privilegiaba la solución política. Tanto la Casa Blanca como el Palacio del Muradia consideraban imprescindible recomponer la maltrecha situación institucional en Mali cuestionada no sólo por los grupos terroristas afiliados a Al Qaeda, como el AQMI y el MUYAO, sino también por los tuaregs del MNLA y de Ansar Edin. Estados Unidos y Argelia parecían coincidir en el diagnóstico de la crisis en el Sahel y en el calendario para su solución.
Sin embargo, el asesinato del embajador norteamericano en el ataque al consulado de Bengazi y de otros tres diplomáticos, ha suscitado un sentimiento de “urgencia”, como lo califica el periódico argelino Le Quotidien d’Oran, en la Administración Obama, “lo que está acercando rápidamente las posiciones de Washington y París” sobre el tema. Y ambas capitales coinciden además en implicar a Argelia en la solución a la crisis.
Sin embargo el régimen de Buteflika se muestra prudente. No se ha dejado llevar por los cantos de sirena franceses, ni tampoco lo hará probablemente por los norteamericanos. La agencia oficial argelina APS habla de “un acercamiento compartido entre Argel y Washington en la búsqueda de una solución global que garantice la estabilidad y preserve la integridad territorial de Mali, al tiempo que se acaba con el terrorismo y el crimen organizado por todos los medios, incluidos los militares”. Una fórmula, en definitiva, que no es un cheque en blanco.
La doctrina general de EEUU es precisa: cooperación entre los países dela región para impedir que AQMI transforme el norte de Mali en base de mando y control de sus operaciones”. La misma doctrina defendida en Afganistán, y cuyo resultado es por lo menos discutible. En palabras de León Panetta, el secretario de Defensa que fue anteriormente director de la CIA: “Al Qaeda no debe encontrar ningún lugar para refugiarse; debemos ir a buscarles donde estén y donde intentan constituir una base de mando”.
Intentar reforzar la capacidad de los países de la región para hacer frente al terrorismo, lo busca también Argel. Ante la Comisión de la ONU encargada de cuestiones de desarme y de seguridad, el delegado argelino ha pedido a la organización internacional que ayude a los países del Sahel confrontados con el terrorismo qaidista. Argel se ha mostrado muy preocupada por el incesante flujo de armas en la región procedentes en su mayor parte de los arsenales de Gadafi saqueados por terroristas y contrabandistas.
Previo a la visita de la secretaria de estado y de sus conversaciones con el presidente Buteflika y el alto mando argelino, Argel ha querido dejar clara su postura de principio: no habrá intervención del Ejército argelino (ANP) en Mali, y tampoco Argel admitirá tropas internacionales en su territorio. Pero una cosa son las tropas y unidades militares, y otra muy distinta la de consejeros, especialistas, comandos o instructores militares.
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