Opinión

La política de extremos

Enrique Aguilar | Miércoles 31 de octubre de 2012
La falta absoluta de disposición a reconocer errores propios que caracteriza al gobierno argentino lo ha llevado indefectiblemente a redoblar su apuesta cada vez que una decisión salida de su ámbito redunda en consecuencias desfavorables para la ciudadanía, las cuentas públicas o aun los intereses nacionales que nuestras autoridades se empecinan (si vamos a creerles) en defender. En otras palabras, la probabilidad de error no está en los libros ni en la lógica del kirchnerismo que, ante la menor crítica, reacciona siempre apelando a los extremos y azuzando por ello la polarización ya instalada en la sociedad.

Una cita de Michael Oakeshott (tomada de la obra La política de la fe y la política del entendimiento) puede ilustrarnos acerca del peligro que encierra una actitud al parecer tan impolítica, si por política entendemos un arte que se expresa mediante la predisposición al diálogo, la buena voluntad, la tolerancia al disenso y lo que podría llamarse cierta moderación de las expectativas. Como ocurre con quienes, por escapar del invierno y perseguir el verano, se pierden de disfrutar de las demás estaciones, dice Oakeshott que “quienes abrazan un extremo en la política llegan a entender sólo una política de extremos”. “Además (continúa), cuando nos asentamos en uno de los extremos de la actividad política y perdemos contacto con la región intermedia, no sólo dejamos de reconocer cualquier cosa que no sea un extremo, sino que empezamos a confundir también los extremos mismos.”

La cita me parece oportuna teniendo en cuenta que en días más tendrán lugar dos importantes marchas contra el gobierno, convocadas respectivamente desde las redes sociales y algunas centrales obreras. Es de esperar que ambas se desarrollen con normalidad y que el gobierno, por su parte, tome nota, recapacite y, sin revanchismos, se resuelva a explorar esa “región intermedia” que es menos propicia ciertamente a la crispación que producen los extremos.