Ely Karmon | Viernes 02 de noviembre de 2012
La revuelta siria va a tener una enorme influencia en el panorama estratégico de Oriente Medio. El conflicto interno entre el régimen alauita y el conjunto de las fuerzas opositoras es el campo de batalla de poderosos contrincantes regionales: la coalición chiita iraní contra una recién construida alianza suní. La caída del régimen de Assad convertiría a Irán en el principal perdedor.
Teherán ya sufrió un golpe considerable cuando Hamas desertó del conocido como “eje de la resistencia” y sus líderes abandonaron el barco de Assad antes de que se hundiera. Por motivos estratégicos, Hamas, la rama palestina de los Hermanos Musulmanes, disfrutó hasta ese momento de una “coalición contra natura” -tal como la denominé- con los carniceros de los Hermanos Musulmanes sirios (véase www.carlisle.army.mil/proteus/docs/karmon-iran-syria-hizbollah.pdf). Hamas constituía un importante sostén palestino y suní para la legitimidad de Irán en el mundo árabe y una valiosa ayuda en su lucha contra Israel.
Los líderes de Hamas volvieron a su lugar natural junto a los Hermanos Musulmanes egipcios, construyendo una relación simbiótica islamista que pudiera enfrentarse con éxito a la Autoridad Palestina controlada por Al Fatah en primer lugar, y luego a Israel.
La reciente visita a Gaza del emir de Qatar, Hamad Al Thani, es una clara muestra de que Hamas forma parte de la coalición suní (junto a Egipto, Arabia Saudita, Turquía y Qatar) que se enfrenta a la de los chiitas (solamente): iraníes, sirios alauitas, chiitas iraquíes y el Hezbollah del Líbano).
El doctor Mehran Kamrava, profesor de la filial catarí de la Universidad de Georgetown, ha proclamado que “la estructura de poder en Oriente Medio y el Golfo Pérsico está cambiando y se inclina hacia Qatar”. El apoyo político, financiero y militar de Qatar a la oposición siria, tras su intervención sobre el terreno contra el régimen de Gadafi en Libia y su respaldo financiero a los Hermanos Musulmanes y a los salafistas en Egipto dan claro testimonio de su creciente papel en la región.
Mohamad Ali Hoseini, antiguo embajador iraní, describía los acontecimientos en Siria como “una guerra fría limitada entre los EE.UU. y sus aliados, y Rusia y China, y varios países más (sin mencionar a Irán) que respaldan a Assad. Las diferencias de opinión entre los dos campos condujeron a un punto muerto y a la impotencia de la comunidad internacional para alcanzar un acuerdo que permitiera resolver la crisis siria, transformando la guerra fría en la arena internacional en una guerra “caliente” en la propia Siria.
No está claro por qué continúa la confrontación militar de baja intensidad en la frontera entre Siria y Turquía, si incluso para Hosein Alaei, ex comandante de la Marina del Cuerpo de Guardianes de la Revolución, cree que la guerra redunda en perjuicio de Assad. Algunos analistas estiman que el objetivo sirio al lanzar bombas sobre las regiones fronterizas de Turquía consiste en “iniciar una guerra en el extranjero que encubra su guerra civil”.
Sadeq Maleki, un acreditado experto en asuntos estratégicos, considera que esa es la forma en que “Damasco castiga a Erdogan”. Turquía observa los acontecimientos en Siria como “una oportunidad que podría considerarse como el punto de partida de un resurgir neo-otomano.” Pero, dice Maleki, cuando Turquía considera que está legitimada para intervenir en Siria, da a Damasco el derecho a utilizar el conflicto entre los turcos y el PKK como “un instrumento para revertir la situación a su favor.”
Alaei, ex comandante de la Armada iraní, sostiene que Irán “intentará evitar que Turquía inicie una guerra con Siria, y explicar las graves consecuencias de la misma para su gobierno”. Pero, apuntando a una posible intervención iraní, en el caso de que Turquía entrara en guerra, esto “cambiaría la situación”.
Si cae Assad, el sistema político de Irak también será puesto a prueba. Sadeq Kharazi, antiguo Viceministro de Asuntos Exteriores de Irán, destaca el afán de Arabia Saudí y de Qatar por “mantener la situación” con el fin de debilitar la estabilidad de Irak, pero hasta el momento cree que no han tenido éxito.
Con este telón de fondo tuvo lugar a primeros de octubre la visita a Bagdad del Ministro de Defensa de Irán, Vahidi, la primera de esta clase. Hosein Rooyvaran, especialista iraní en Oriente Medio, describió la relevante visita como “un tipo de diplomacia agresiva”. El peligro de que la crisis siria se extienda por la región supone una oportunidad para el fortalecimiento de la cooperación entre Irán y el gobierno chií de Bagdad, observa Rooyvaran.
Rusia, que respalda al régimen de Damasco con el fin de mantener sus posiciones en la región, su base naval militar en el puerto sirio de Tartus y su presencia en las “aguas calientes” del Mediterráneo, propuso recientemente organizar una “conferencia de Taif entre todos los participantes en el conflicto”, una referencia al acuerdo firmado en la ciudad saudí que puso fin a la guerra civil del Líbano en 1990.
Mohamad Sadeq Al-Hoseini y otros analistas políticos iraníes consideran que cualquier decisión con miras al futuro político de Siria quedará pospuesta hasta después de las elecciones en EE.UU. Subraya el riesgo de un “Taif sirio” porque en su opinión esto “quebraría la espalda a la resistencia” y, por lo tanto, los aliados de Siria, Irán, China y Rusia no podrían apoyarlo. Pronostica que el ejército sirio -convertido por Hafez Al Assad “de un ejército nacional en otro ideológico”-, que ha demostrado su lealtad al gobierno central a despecho de algunas deserciones, “nunca se derrumbará”.
El Ministro de Asuntos Exteriores AliAkbarSalehi afirmó que Irán busca una solución que abra las puertas a un diálogo nacional que incluya a la oposición siria. Irán acogió una conferencia internacional sobre Siria para debatir el modo de poner fin al baño de sangre, que concluyó con un fracaso diplomático . En la actualidad, Irán busca una contraprestación apropiada por cesar en su apoyo a Assad, como si fuera consciente de que tarde o temprano éste caerá.
El peor panorama posible sería la formación de un mini-estado alauita al que se retiraría la columna vertebral del ejército sirio con la mayoría de sus armas pesadas, la fuerza aérea y las armas químicas que posee, una póliza de seguros contra una ofensiva sangrienta de la oposición suní a su último bastión.
Michael Young, reputado observador del teatro libanés, apuntó por vez primera en julio de 2011 la perspectiva de un mini-estado alauita en el noroeste de Siria si el régimen llega a la conclusión de que tiene los días contados. La “retirada a una fortaleza alauita” podría dar lugar a temibles repercusiones en Líbano y en Irak. Incluso Hezbolá podría cooperar con los cristianos libaneses en un “esquema de segregación del Líbano” favorable al mini-estado alauita que contrarrestara lo que perciben como amenaza suní.
Ante tal panorama, un régimen alauita podría contar con la presencia disuasoria de una significativa fuerza expedicionaria iraní y con el apoyo estratégico de Rusia.
Con toda seguridad, ni Siria ni Oriente Medio serán lo mismo en un futuro cercano, pero el resultado final se mantiene abierto.
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