Andrea Donofrio | Domingo 04 de noviembre de 2012
A pocos meses de las elecciones, tanto el centro-derecha como el centro-izquierda parecen vivir una etapa especialmente difícil. Pero no sólo los grandes partidos están en crisis: la Lega Norte de Bossi parece desaparecida del mapa político nacional tras los graves escándalos de los últimos meses. Tampoco Gianfranco Fini, a quien muchos analistas auguraban como posible líder de un movimiento de centroderecha moderno y liberal, parece capaz de presentarse como candidato y su figura anda de capa caída. Y mientras la Democracia Cristiana sigue inmóvil y en busca de aliados, crece el frente antipolítico y las formaciones antisistema, como demuestra el éxito del Movimento 5 Stelle en las elecciones administrativas de Sicilia. En este panorama, parece evidente la falta de liderazgo y carisma, tanto que ningún líder político parece capaz de oscurecer la sombra de Il Professore, Mario Monti, cuyo nivel de popularidad sigue alto a pesar de alguna medida impopular tomada.
Parece evidente que el problema es que los partidos italianos están demasiado desprestigiados. No obstante, a pesar de la decadencia de la clase política nacional, ha llegado el momento de que la Política retome su papel y la credibilidad pérdida en la “larga noche del berlusconismo”. La experiencia-experimento de los técnicos debe considerarse como una situación extraordinaria y temporal: fue una etapa en la que las fuerzas políticas (democráticamente elegidas y de forma trasversal) consideraron oportuno ceder el poder a unos técnicos, en teoría sin adscripción partidista, y cuya labor contaba constantemente con el apoyo del Parlamento. Pero se trataba de un “paréntesis”, una solución transitoria. No puede convertirse en un recurso habitual, ni los partidos pueden delegar sistemáticamente y en momento de grave crisis sus competencias a unos técnicos, comprometiéndose –de antemano- a aceptar y apoyar sus decisiones. Tal medida puede ser beneficiosa a corto plazo y solventar el problema de que, en la mayoría de los casos, quien gobierna toma sus decisiones no tanto en el interés del país sino sobre todo de su futuro electoral. En los últimos años, en plena recesión económica, los políticos italianos no quisieron tomar decisiones impopulares o de alto coste político, prefiriendo apoderar los técnicos para que fueran ellos encargados de reformar el país. No se trata de volver a la “vieja” y tradicional política, sino de restablecer el “funcionamiento político habitual de una democracia”, esperando que los partidos sepan enfrentarse a los retos del futuro, actuando de forma responsable y honrada. Ante la crisis de la vieja política y esa etapa interina, las formaciones políticas deben renovarse, proponer proyectos más atentos a las necesidades y exigencias de los ciudadanos y ajenos a las luchas de partido.
Ha llegado el momento del cambio, aprovechando que Berlusconi parece dispuesto a no presentarse a las elecciones. Teniendo en cuenta el personaje, el condicional es obligatorio, aunque parece que esta vez de verdad quiere retirarse de la vida política. La renuncia del cavaliere debe ser interpretada positivamente, como una señal de la derecha italiana de renovarse. Terminada la etapa berlusconiana de la “monarquía absoluta” o del “bajo Imperio”, su formación política debe apartarse del modelo populista-demagógico imposto por el ex Presidente, tomar distancia de su fundador y cortar por lo sano “el cordón umbilical” de un partido nacido, crecido y que ha vivido a su sombra. Tanto en el PdL como en el PD, las primarias deben representar un ejercicio de democracia interna y no un cambo de batallas, una ocasión para repartir el poder y ajustar cuentas. Se debe buscar la regeneración y una renovación profunda de la clase política nacional. El comunicado de Berlusconi de hace unos días, una especie de testamento político, escrito con un estilo pomposo y recurriendo a las amadas metáforas políticas, debe suponer el finis regnis y el inicio de una nueva etapa política nacional.
Concluyendo, teniendo en cuenta que los sondeos son volátiles y de poco fiar y, sobre todo, que la opinión pública es caprichosa y variable, el futuro de Italia se decidirá en los próximos meses. Los políticos no pueden obviar el creciente descontento social ni el casi absoluto desprestigio de la Casta. Como no recordar una vez más las palabras de Dante en el Canto VI del Purgatorio: “Ay sierva Italia, del dolor albergue, nave sin timonel en gran borrasca, no dueña de provincias, sino burdel”. Tantos siglos y tras una etapa en la que sí nos parecíamos bastante a un enorme y caótico burdel, seguimos sin un timonel responsable y a la merced de las olas-mercados…