Opinión

Argentina: Vísperas del 8-N

Enrique Aguilar | Miércoles 07 de noviembre de 2012
Esta semana no pasará inadvertida a quienes sigan con algún interés cuanto ocurre en la política argentina. Sin la espontaneidad del 13 de septiembre pasado, cuando tuvo lugar una multitudinaria manifestación impulsada desde las redes sociales, este jueves 8 de noviembre miles de argentinos se volcarán nuevamente a las calles para congregarse en diversos puntos de encuentro de todo el país y batir sus cacerolas contra la corrupción, la inseguridad, el avasallamiento de las instituciones, el cepo cambiario, la inflación, el uso y abuso de la cadena nacional, la falsificación de las estadísticas oficiales y otros males que nos quitan el sueño pero de los que el gobierno no parece querer hacerse cargo. Estos temas sin duda dominarán la protesta, que esperemos se desarrolle normalmente y sin excesos.

Ahora bien, la convocatoria fue esta vez mucho más organizada que la anterior y se preparó con debido tiempo. Tendrá, por tanto, menos frescura y es posible que algunas adscripciones partidarias se dejen ver y aprovechen la oportunidad para medir fuerzas y grados de adhesión. Quizá sea mejor así. En efecto, a pesar de las quejas fundadas de que es objeto una oposición fragmentada, que se ha mostrado incapaz de acuerdos programáticos y ha sido frecuentemente complaciente, su presencia daría tal vez una tímida señal de que la recuperación de la política y del sistema de partidos es un hecho posible. Política que hoy no existe verdaderamente, o que se la ha bastardeado en nombre de la lealtad ciega, el verticalismo, la polarización deliberadamente incentivada o aun el recurso a la movilización callejera que no es, convengamos, la forma más deseable de expresión ciudadana en un país democrático cuya constitución prevé la existencia de instituciones y otros canales de mediación que garantizan el libre ejercicio de la soberanía del pueblo.

En cualquier caso, será una jornada clave, que hará mella o no en el gobierno (lo más factible es que no), pero cuyas consecuencias con vistas al próximo año electoral resultan todavía imprevisibles.

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