Economía

El próximo reto de Obama: el Precipicio fiscal

Crónica económica

Miércoles 07 de noviembre de 2012
Antes que nada hay que explicar qué es eso del precipicio fiscal (“fiscal cliff” en inglés, como le llamó Ben Bernanke). El sistema político estadounidense aprueba a veces aumentos o rebajas de impuestos que tienen un carácter temporal, y que o se renuevan o se extinguen. Y lo mismo ocurre con los programas de gasto. En este caso concurren el 1 de enero de 2013 el final de varias rebajas de impuestos con el de varios programas de gasto, lo que provocará de forma automática un ajuste fiscal de grandes proporciones.

Bank of America Merrill Lynch realizó un estudio sobre el precipicio fiscal, su composición y su montante. Según los datos recabados por el banco estadounidense, hay tres grandes grupos: Subidas de impuestos, programas de gasto que llegan a su fin y reducciones de gastos en programas que continúan.

Por lo que se refiere al primer capítulo, lo más importante es el fin de las rebajas fiscales aprobadas bajo el gobierno de George W. Bush, que tenían un plazo de 10 años. De no aprobarse su continuidad, supondrán una subida de impuestos de 180.000 millones de dólares. También subirá un impuesto llamado Alternative Minimum Tax (ATM) por valor de 120.000 millones, y las retenciones sobre la renta por la misma cantidad que el ATM. Sumados otros tres impuestos más (que incluyen el Obamacare por valor de 20.000 millones de dólares), alcanza una subida de impuestos de 470.000 millones de dólares.

Hay varios programas que desaparecerían: Un programa de subsidios bajo el nombre Extended IU, de 40.000 millones de dólares, más otros por un valor conjunto del mismo monto. Y hay dos recortes de gasto por valor de 150.000 millones. En total, 720.000 millones de dólares de ajuste fiscal, que suponen el 4,6 por ciento del PIB.

¿Por qué los mercados han reaccionado así de mal? Hay dos motivos: uno económico y otro político. El económico es que un ajuste del 4,6 por ciento del PIB que se produce, literalmente, de un día para otro, provocaría según varios analistas un aldabonazo a la trémula recuperación que llevaría al país de cabeza a la recesión. Entiendo que el peor efecto provendría de la subida de impuestos que, además, y como hemos visto, es el grueso de la distancia de este precipicio fiscal. El impacto, según se teme, tendría repercusiones globales.

El motivo político está claro. Barack Obama quiere subir los impuestos. El precipicio fiscal concuerda con sus preferencias. Pero Obama entiende que la subida de impuestos no puede ser de cualquier manera y no puede permitir un aumento que tenga repercusiones claras y bastante inmediatas en el crecimiento. De modo que intentará, al menos, suavizar la pendiente del precipicio, como si fuera una ladera muy pendiente, no sabemos si hacia unas aguas saladas o hacia el abismo. Pero también intentará que los recortes en el gasto no se produzcan. O que se tengan lugar, pero que sean compensados con aumentos en el gasto en otros programas que considere más interesantes.

Y aquí es donde entra la mayor complicación política. Nosotros tenemos una democracia totalitaria, en la que el líder del partido elige las listas de personas que se presentarán al Congreso. Los electores decidimos dónde se cortan esas listas y el líder, si obtiene mayoría en el Congreso, será presidente del Gobierno. Como él o ella ha hecho las listas, posee la voluntad de los diputados, cuya función es repetir las consignas del Gobierno y apretar botones en uno u otro sentido según sean los intereses de éste en cada momento.

El sistema político estadounidense es distinto. Hay un jefe de la Administración, el Presidente. Hay una Cámara legislativa, el Senado. Y hay una Cámara gubernativa, que tiene el control del presupuesto, junto con la Administración: la Cámara de Representantes. Esta Cámara está en manos de los republicanos. Y tendrá que negociar con ellos qué impuestos sube, y qué programas de gasto mantiene. Los republicanos abogan por el recorte del gasto y de los impuestos. De modo que tendrá que negociar con ellos. Y los analistas ven que la solución es muy complicada. Especialmente teniendo en cuenta que aquélla es una democracia democrática, no como la nuestra, en la que cada representante es elegido por los votantes y no por el líder del partido. Y, por tanto, se debe a ellos y no a ninguna disciplina de partido, que allí no tiene operatividad.

Es decir: Pavoroso aumento de los impuestos difícilmente evitable del todo por mor del sistema político estadounidense. Ese es el temor. A última hora se llegará a algún compromiso, pero la cuestión es si será suficiente o no. Ese será el primer reto de Obama, en su segunda legislatura.

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