José Eugenio Soriano García | Miércoles 07 de noviembre de 2012
Miren, queridos lectores, son tantos los temas que hoy abordan a un cronista que se necesitarían tres o cuatro artículos, como poco, para narrar o al menos sondear los temas que interesan. Y como no parece que me den tanto espacio, decido hacer un “collage” con todos ellos y presentárselos empaquetados. ¡A ver si tengo suerte y les atraigo!
Por de pronto, que el Tribunal Constitucional haya validado la unión entre homosexuales parece una gran noticia a todos, heteros incluidos. Porque, a ver, ¿Quién demonios es capaz de decir que por no gustarte los contrarios – contrarias no eres persona? La terrible persecución multisecular a quienes no eran como tú, a quien no era como la mayoría dominante, es simplemente una historia letal de asesinatos y tortura, una feroz sucesión de barbaridades que eliminaban a personas. Personas y punto. Puede discutirse si se debe llamar matrimonio (del latin matrimonium, calidad de madre) y puede abrirse un debate sobre la ventaja o no de la adopción dentro de esta forma de unión. Pero negar a una persona el derecho de vivir establemente, sentimentalmente, materialmente, espiritualmente, y todos los “mente” que se quieran, con otra semejante, es directamente un crimen de lesa humanidad. Y se han venido cometiendo estos crímenes durante milenios. Cabe añadir, desde luego, que si una persona vale para bombero, ministra, juez o política, no se sabe bien porqué no ha de valer para casado. Simplemente, con una mentalidad, no ya liberal, sino simplemente humanitaria, no se entiende esa persecución. No hay que hacer alarde, tampoco, de la propia condición, que con ella venimos al mundo, y en la cuna no hay distinciones entre los recién nacidos. Y a quien diga lo contrario, habría que preguntarle ¿Y si su hijo o su hija fueran homosexuales, dejaría usted de quererle? Porque si dice que sí, ¡con él al psiquiatra!
Y paso a Obama, que algo tiene que ver con lo antes dicho. Menos mal, creo, que no ha ganado un fundamentalista religioso, por más señas de una religión que permite tener un harén (aunque dicen que esto algo ha cambiado y que la teoría no es ya la práctica: debe ser que no hay quien mantenga a tres o cuatro esposas). Y menos mal que, también, Obama piensa que nuestro pobre país, merece apoyo y no castigo, como se deducía del otro candidato. Lo cual es bastante inteligente económicamente, ya que lo que le faltaba al dólar es que el euro enfermase, que es exactamente lo que le pasaría si España se hunde. Y esto no lo entiende bien el grupo de asesores económicos del Partido Republicano, más bien pensando en clave ombliguista de su votante medio, - y el norteamericano medio es de lo más ignorante que pueda nadie imaginarse, incluso peor que aquí, que ya es decir – y con ideas ultranacionalistas de la América Grande que son las que han llevado, más bien, a que China crezca y EE.UU., decaiga bastante. Por ello, con más control del gasto público, por ejemplo el militar, las ideas económicas de los demócratas interesan más a la Unión Europea, y habrá que esperar a que algún joven republicano salga de las aulas para que reflexionen mejor sobre lo que es cooperación internacional y saber hacer negocios en todo el mundo, lo cual, supone, por de pronto, reconocer resueltamente a los demás con sus diferencias y no creer que todo se resuelve mirándose en el espejo. El mundo no está para Narcisos.
Y luego, para acabar por hoy, decirles que ya que he mencionado a nuestro país, de nuevo tenemos el eterno ritornello del President Mas diciendo una cosa y la contraria, por ejemplo respecto de la Unión Europea o sus relaciones con España. Aquí, también, los técnicos cuentan y mucho, por ejemplo, de una vez por todas debería abrirse con seriedad un debate sobre las balanzas fiscales, aún partiendo del dato elemental de que quien pagan son los ciudadanos. Porque la confusión es inmensa. Y sorprende, porque cuando se analizan esas balanzas en relación con otros países, resulta que más o menos sí que existe un consenso claro de hasta que punto existe déficit, los límites a la solidaridad, etc. Hay que hacer los números, desde luego, pero con honradez, pulcritud y desde luego con racionalidad metodológica. Y suscitar un debate público mucho mayor de lo que hasta ahora se ha visto en la prensa, esto es, una opinión y luego una contraopinión, normalmente contraponiendo curiosa y paradójicamente las metodologías y los planteamientos según se sea de territorio común o nacionalista. Una broma, desde luego, de mal gusto también, porque si los ciudadanos pudieran tener opinión más o menos clara a través de debates públicos, por ejemplo en televisión, sobre lo que dicen unos y otros, mucho se habría aclarado o al menos estaríamos en el camino de hacerlo.
En fin. Esto es lo que en muy pocas líneas tengo que decirles hoy en un solo artículo. Si les gusta, pida a la redacción de EL IMPARCIAL que me deje monopolizar por un día la opinión, y les cuento todo. Claro, que a lo mejor entonces no les gusta, prefieren la pluralidad y la diferencia y que haya debate y distintas opiniones sobre diversos temas. Pues eso.