Opinión

Una ciudadanía sin izquierda: la inconsistencia del PSC

Domingo 11 de noviembre de 2012
El líder de los socialistas catalanes, Pere Navarro, participaba ayer en un mitin en Tarragona, empleando la mayor parte del tiempo en atacar a Mariano Rajoy por “el creciente independentismo que vive hoy Cataluña”. Ni se le oyeron propuestas dignas de mención ni tampoco aprovechó la oportunidad del fracaso de la tournée secesionista de Artur Mas por Europa para afear la conducta del President. Llama la atención que el señor Navarro ponga el foco sobre un partido como el PP que puede rebasarle en escaños y sin embargo deje correr el proyecto soberanista de CIU.

Los sondeos prevén una debacle electoral del PSC. No es para menos. El tripartito dejó a Cataluña al borde de la bancarrota. Esa herencia le está costando tanto a Mas que ha optado por el secesionismo como huida hacia adelante ante una situación que le supera. Es curioso, además, que Pere Navarro acuse a Rajoy de “ser una fábrica de independentistas” cuando tanto los socialistas catalanes como el PSOE a nivel nacional suscribieron un pacto con los independentistas de Esquerra. El propio Ernest Maragall se ha posicionado abiertamente por “el derecho a decidir de los catalanes” y, salvo Carmen Chacón, nadie en el PSC parece tener las cosas claras.

No obstante, el posicionamiento público de Carmen Chacón -“soy absolutamente contraria a la independencia”- tenía que haberlo hecho mucho antes; eso, o haberse opuesto a pactar con Esquerra. Además, hablan de federalismo sin profundizar demasiado en un concepto que parecen utilizar más como reclamo electoral que como algo tangible. Así las cosas, es lógico que electorado de izquierda no nacionalista en Cataluña esté profundamente desorientado.

En general –y no sólo en Cataluña- la ciudadanía española se encuentra huérfana de una izquierda seria y consecuente con sus propios supuestos filosóficos. Esos que tenía en su ADN político desde 1812: la soberanía nacional. En efecto, la idea de construir y defender una nación de ciudadanos, frente al nacionalismo identitario y territorial era la seña de identidad de la izquierda. Una izquierda internacionalista, que no nacionalista, que debería haber abanderado la lucha contra el particularismo y el secesionismo. Sin eso, no es nada. Y, si alguien no pone remedio, la debacle electoral en nada, o en muy poco, les va a dejar.

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