Viernes 16 de noviembre de 2012
Este viernes comienza en Cádiz la XXII Cumbre Iberoamericana, que si bien arranca con algunas ausencias que se harán notar como la de los presidente de Argentina, Cristina Fernández, y Uruguay, José Mujica por motivos de salud, o la del venezolano, Hugo Chávez, quien no ha dejado muy claro los motivos por los cuales no asistirá a la cita birregional. Sin embargo, lo cierto es que los jefes de estado de las principales economías de América Latina, léase Brasil, Colombia, Perú y Chile, han manifestado un ánimo entusiasta hacia un encuentro diplomático, que este año promete ser algo más que una reunión entre socios, o eso esperamos.
España y Portugal tienen una oportunidad evidente para renovar su relación como sus aliados latinoamericanos y tender puentes más sólidos en materia de cooperación y comercio exterior, así como impulsar un eje común para la resolución de conflictos comerciales. Esta cumbre debe suponer un antes y un después en las relaciones luso-ibéricas con América, a fin de no quedarse en ese medio camino de en un simple “vamos” para ser un “somos”, aprovechando el simbolismo que le rodea por coincidir con el bicentenario de la Constitución de Cádiz. Una Carta Magna que resulta tan importante para los españoles como para los pueblos latinoamericanos.
Esperemos que los esfuerzos del ministro de Exteriores y de Cooperación, Juan Manuel García-Margallo, por acercarse a América rinda sus frutos y se traduzcan en alianzas y convenios que le de a España las respuestas para ayudar a salir de la crisis.
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