Domingo 18 de noviembre de 2012
En medio de una gran parafernalia, se ha celebrado en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh). En él se produjo un cambio de guardia, el segundo que ha tenido lugar de manera pacífica en los sesenta años de gobierno comunista, y tras el anterior, celebrado hace diez años. Tras la constitución de Comité Central, los doscientos cinco que lo forman con derecho a voto eligieron a los veinticinco miembros del Politburó, de entre los que saldrían los siete miembros del Comité Permanente del Politburó, el máximo órgano de poder en el gigante asiático.
El gran timonel será el hasta ahora vicepresidente Xi Jinping, nombrado secretario general del PCCh, en sustitución de Hu Jintao, lo que anticipa que el próximo marzo será nombrado Presidente del país en la Asamblea Popular Nacional. Xi Jinping es un ingeniero químico de 59 años, experto en teoría marxista, que pertenece a la generación de los denominados “príncipes”, como son conocidos los descendientes de altos cargos del PCCh de hoy o de ayer.
Este revelo en la cúpula del poder chino no significa, sin embargo, ningún cambio en el país, que mantiene una férrea ideología y ha sido inmune a cualquier demanda de la más mínima libertad, aun a costa de bañar esa a peticiones en sangre como sucedió en los trágicos sucesos de Tiamanmen. Es otro el timonel, pero el barco sigue el mismo rumbo. Xi Jinping, acompañado de los otros seis hombres fuertes, realizaran una política continuista que huye de cualquier reformismo y está al servicio de que el partido mantenga el poder de sus miembros. Deberá, no obstante, enfrentarse a numerosos retos, y no el menor el que según algunos expertos el modelo económico chino lleva camino de agotarse. La opacidad y la corrupción se han convertido en prácticamente señas de identidad del PCCh, pero cada vez le resultará más difícil contener el anhelo de libertad de la población china, que cuenta con una creciente prosperidad, libertad económica y capacidad de información, en la que, por ejemplo, Internet –pese a los intentos de control- está desempeñando un papel relevante. Como era de esperar, sin embargo, en este XVIII Congreso no se ha producido otra cosa que un cambio de dinosaurio, que, como en el famoso microrrelato de Monterroso, sigue allí, dominando China.
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