Lunes 19 de noviembre de 2012
En la recién clausurada XXII Cumbre Iberoamericana ha vuelto a ponerse de manifiesto la oportunidad de este tipo de encuentros que suponen una excelente ocasión para reforzar los seculares lazos entre un grupo de naciones que cuentan con sólidas raíces comunes y comparten una cultura y un idioma –hablado por cientos de millones de personas-, y que están alcanzando día a día una mayor influencia mundial. De ahí que el hacer estas Cumbres bianuales, como se ha decidido, no debe suponer que vayan poco a poco languideciendo.
Este año, presidida por Su Majestad el Rey Don Juan Carlos, se ha celebrado en Cádiz, con el trasfondo de la conmemoración del bicentenario de la Constitución de 1812, decisiva Carta Magna a ambos lados del Atlántico, y la economía ha sido su asunto primordial, lo que no es extraño en un mundo marcado por una imparable globalización. La XXII Cumbre ha revelado un escenario distinto, en el que España y Portugal se encuentran sumidos en una gravísima crisis, mientras que numerosos países iberoamericanos caminan por la senda del crecimiento. Hace años, por ejemplo cuando se celebraron también en España las Cumbres de Madrid y Salamanca en 1992 y 2005, respectivamente, a nuestro país le miraban como una esperanzadora posibilidad de apoyo financiero. Ahora, cuando las cosas son tan diferentes, es Iberoamérica la que se nos presenta como un horizonte de futuro, por la que debe propiciarse un aumento de las exportaciones españolas a Iberoamérica y el que países emergentes de allí, como Chile o Brasil, realicen aquí mayores inversiones.
En este sentido, una de las conclusiones más destacables y alentadoras de la Cumbre ha sido la apuesta decidida y explícita de los mandatarios reunidos por las pequeñas y medianas empresas (pymes) -que en nuestro país constituyen más del 90 % del tejido empresarial-, poniéndose en marcha líneas de crédito para potenciarlas, lo que puede suponer un claro beneficio mutuo. Para que esto alcance cuanto antes buen puerto resulta imprescindible, como muy bien ha recordado el presidente del Gobierno español, que se respete de manera escrupulosa la seguridad jurídica para las empresas, que ha de ser un valor compartido a ambos lados del Atlántico, pues es, como también ha recalcado Mariano Rajoy, el nutriente de las inversiones, fuente de riqueza y empleo.
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