Jueves 22 de noviembre de 2012
El atentado terrorista que ayer dejaba 20 heridos en Tel Aviv que iban en un autobús es la manera que tiene Hamas de hacer política. La llegada a la región de la Secretaria de Estado norteamericana, Hillary Clinton, no garantiza el fin de las hostilidades entre los radicales palestinos y el ejército israelí. Y pese a que este pasado martes se rubricaba un alto el fuego entre ambas partes, la experiencia dice que este tipo de acuerdos apenas tienen validez alguna. Uno de los principales problemas de Palestina es la falta de un interlocutor válido, que aúne liderazgo y legitimidad. Y entre Mahmud Abbas en Cisjordania, Hamas en Gaza y diversas facciones operando por su cuenta resulta muy complicado establecer un protocolo de actuación.
Esta vez, como tantas otras, ha empezado Hamas, lanzando indiscriminadamente cientos de cohetes contra objetivos civiles de Israel. Su ejército ha respondido con la contundencia y extralimitación habituales, dando origen a una espiral de violencia cuyo coste en víctimas humanas sigue creciendo. Poco importa que se hable de treguas o de quiénes la pidan; la realidad es que no hay tregua entre dos bandos cuyos dirigentes parecen estar más por la confrontación que por el entendimiento.
Israel oprime y en más de una ocasión abusa de su poder con los palestinos. Estos, por su parte, optan por el terrorismo como casi única vía de expresión, empleando los dólares de ayuda humanitaria más en cohetes Katiusha que en necesidades básicas de su depauperada población civil. Israel tiene derecho a vivir en paz sin verse obligada a defenderse de agresiones externas; y Palestina tiene derecho a unas concisiones mínimas de subsistencia. Pero para ello tanto Hamas como el gobierno de Benjamin Netanyahu tienen que asumir que los unos deben convivir sin exterminar a los otros.
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