Opinión

Cristina Fernández y su “cuento chino” de la clase media

Viernes 23 de noviembre de 2012
Pese a que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, trató de minimizar el impacto de la huelga nacional de este martes a cargo de los principales sindicatos del país, lo cierto es que el paro general tuvo una amplia adhesión que superó las expectativas de los convocantes. Buenos Aires se convirtió por 24 horas en un verdadero desierto por el cual no pasaba ni una partícula de polvo, con el propósito de exigirle al Gobierno el aumento del salario mínimo, reformas impositivas y por supuesto, mejoras en el sistema de pensiones.

La demanda no podría resultar más irónica para la jefa de Estado, luego de que este fin de semana el diario Clarín, filtrara información de la Administración Nacional de la Seguridad Social (ANSES), sobre el milagroso incrementó que experimentó el salario de la mandataria desde el mes de marzo hasta octubre, registrando una subida del 42% y que su pensión de viudez, haya engordado también este año, un 25% con respecto al 2011.

Queda claro que tanto las principales organizaciones sindicales como la ciudadanía, que el pasado 8 de noviembre tomó masivamente la capital en señal de descontento por los altos índices de inseguridad que sufre el país, ya no se comen con patatas el “cuento chino” de que Fernández es una trabajadora promedio de la clase media. De hecho se mofan ante dicha descripción, que no es más que la parábola de lo absurdo en un país que se ve bajo la contención de un Gobierno que no ha dudado en tapar sus fallos en materia fiscal, controlando y recortando cada peso que entra y sale del bolsillo de los argentinos.

Mientras el pueblo al que tanto aboga Fernández saca con más frecuencia la cacerola vacía para protestar por la erosión que ha sufrido la calidad de vida de la población, la mandataria presume del estreno de un documental en honor a su fallecido marido, el ex presidente Néstor Kirchner, cuya financiación no dudamos que haya corrido a cargo de la Casa Rosada, entre otras cosas.

Una realidad que contrasta con la austera vida que lleva su homólogo uruguayo, José Mujica, que tras darse a conocer la declaración jurada del presidente del pasado mes de abril, no sólo se ganó el apodo de ser el gobernante “más pobre del mundo”, si no el más íntegro en lo que a causas sociales se refiere, ya que según el informe dona el 90% de su salario (12.000 dólares mensuales) en la construcción de casas para los más pobres.

¿Se asoma un fin del kierchnerismo? Es muy prematuro augurarlo. Sin embargo no cabe duda de que este modelo de gobernanza, cuyas premisas le han merecido una marea de fieles seguidores, se encuentra en proceso de deterioro a causa de los excesos y la doble cara de quienes lo lideran.

Esperemos que Cristina Fernández en vez de calificar de “extorsión” las demandas del pueblo, comience a observarlas con humildad y autocrítica, para ver si así puede retomar y reconquistar el cariño de los argentinos que le dieron su confianza a través del voto.

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