Sábado 24 de noviembre de 2012
A lo largo de esta semana las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), han puesto de manifiesto sus intenciones de tomarse en serio,- o por lo menos de cara a la comunidad internacional-, el diálogo de paz que arrancó el lunes con el Gobierno del presidente, Juan Manuel Santos. No sólo dio el primer paso anunciando una tregua “navideña” que expirará el 20 de enero, sino que este jueves liberó a cuatro ciudadanos chinos secuestrados en 2011, aunque el grupo rebelde no se ha atribuido la autoría del rapto.
Sin embargo, la benevolencia de la guerrilla contrasta con las últimas declaraciones del ministro de Defensa, Carlos Pinzón, quien aseguró que ha recibido diversas denuncias de altos mandos militares, que apuntan a que los rebeldes no han “cumplido con su palabra”, pese a que no ha confirmado una ruptura del cese al fuego por parte de las FARC.
Desde que arrancó el diálogo este lunes en La Habana, el Gobierno colombiano ha mostrado una actitud cauta y discreta sobre el futuro de las conversaciones con el grupo armado. Postura muy distinta a la de los rebeldes, que se muestran confiados y entusiastas sobre el destino del proceso de paz; quizá en demasía para el gusto de muchos, que ponen en duda la transparencia y las buenas intenciones de la organización narcoguerrillera.
El propio Pinzón ha sido ejemplo del recelo que yace tanto en sectores del Ejecutivo de Bogotá y de la propia ciudadanía, al recordarle a la opinión pública que no hay que olvidarse de quiénes son las FARC: un grupo terrorista advenido a cártel de la droga, que durante décadas ha extorsionado y atacado a la población, con secuestros, coches y collares bombas, el reclutamiento forzado de mujeres y niños, el y robo de tierras, entre otras cosas.
Por lo que la guerrilla no puede vender su “imagen más amable” y abanderarse como emisario de la paz en Colombia, cuando tiene una larga lista de crímenes a cuestas. La semana pasada en Valencia (España), mientras recibía un premio, Santos aseguró que su Gobierno sabe lo que tiene que hacer y hasta dónde ha llegar con las FARC, ya que hay ciertas cuestiones que no son negociables. Esperemos que así sea por el bien de un país que se está convirtiendo en modelo de democracia, gestión y gobernanza en América Latina.
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