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Juan Bonilla: El tiempo es un sueño pop. Vida y obra de Terenci Moix

RESEÑA

Domingo 25 de noviembre de 2012
Juan Bonilla: El tiempo es un sueño pop. Vida y obra de Terenci Moix. RBA. Barcelona, 2012. 510 páginas. 25 €

Las memorias de un escritor debieran interesar en tanto en cuanto interesa su obra, pero en el caso de Terenci Moix (Barcelona 1942-2003) habría que añadir la puesta en escena que en ciertos momentos hizo de su propia vida. Ambas cosas encajan perfectamente en El tiempo es un sueño pop. Vida y obra de Terenci Moix(Premio Gaziel de Biografías y Memorias 2011) de Juan Bonilla, quien presenta con extraordinaria sinceridad y una prosa llana y a veces burbujeante los episodios que conformaron lo que fue Moix y lo que son sus libros.

Bonilla pone en diálogo (a veces en discusión) las Memorias del propio Moix con la suya, además de dar una más que completa información de otras muchas fuentes. Diálogo fructífero que, en ocasiones, concluye con el desmentido y, las más de las veces, con la matización de las “exageraciones” volcadas por Moix. Plantea Bonilla con toda razón, que el acercamiento a la vida de un escritor como él no debe ser el sumario de unas actas verídicas y demostrables, ya que eso, aparte de “enojoso” sería, “poco significativo”, y que lo interesante es transmitir la impresión y la emoción con la que se han vivido esos hechos: “uno no puede ser fiel a lo que ocurrió sino a lo que recuerda que ocurrió”. Bonilla piensa que herir la sensibilidad del lector es lo menos que se le puede pedir a una novela, así que él tampoco tiene reparos en hacerlo con esta biografía que no deja atrás comentarios personales directos y francos.

Lector voraz y hombre cultísimo en amplios y variados campos como el cine, los cómics, la copla, la ópera… y, por supuesto, la literatura, Terenci Moix vivió de múltiples maneras hasta decidir que se dedicaría plenamente a ella. Pintor en el negocio de su padre, friegaplatos, chico de la limpieza en un local de lesbianas, actor, fundador de un cine-club, repartidor del Herald Tribune… e, incluso, ejerciendo la prostitución, hecho éste que pone en duda Bonilla. Y todo ello con demasiada carne puesta en el asador, porque consideraba que “allí donde no había drama ni comedia no había absolutamente nada”. De ahí, por ejemplo, sus varios intentos de suicidio por amor.

Moix nació y creció en una España de ambiente mediocre, en una realidad “decrépita y monjil” en la que un pecado mayor que meterse en política era ser “maricón”. Le tocó lidiar con tiempos en los que no había “otra salida que el ocultamiento, el escándalo y el desconsuelo”.

No es necesario incidir, por ser hechos muy conocidos, en su participación en la gauche divine barcelonesa y en que su obra es el reflejo de la época pop que correspondió a su juventud. Ni en que no se implicó mucho en política (“sólo pertenezco a un grupo que se llama Terenci Moix, del cual soy presidente y único miembro) ni en el catalanismo del momento, a pesar de que, entre otras obras escritas en catalán, El sexe dels àngels sea “un cántico de amor desesperado a Cataluña, a sus hombres y su cultura”.

Pero sí en que contribuyó mejor que muchos a cambiar la situación cultural. Y esto, dice Bonilla, a base de divertirse, quizás “a sabiendas de que divertirse era lo que más nervioso podía poner al régimen, su única manera de incomodarle” y porque “creía, con indudable acierto, que una minifalda resultaba más perjudicial para las autoridades franquistas que un panfleto ciclostilado”. Por eso comenta en una entrevista con Fernández-Bravo la postura de los críticos hacia él, que resume con la siguiente frase: “Para ellos soy la personificación de todos los vicios y los disparates del siglo”.

Pero ahora es ya el momento, como concluye Bonilla, “para recibir la consideración indiscutible que merece y que apenas logró en vida: ser reconocido como uno de los más grandes narradores españoles del siglo XX”.

Por Inmaculada Lergo

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