Bernabé Sarabia | Lunes 26 de noviembre de 2012
Tres son los grandes perdedores de estas elecciones catalanas. En cabeza, el Sr. Mas y equipo de asesores. A continuación, el holding Godó de comunicación. Por último, las encuestas y los encuesteros.
Los ganadores de esta consulta electoral, domingo 25 de noviembre de 2012, son dos. El primero España y el segundo la Unión Europea.
El equipo de Convergencia y Unión no ha conseguido la “mayoría excepcional”. No ha conseguido conservar sus 62 diputados. Con 50 diputados ha quedado muy por debajo de los 72 de 1984, 69 de 1988, 70 de 1992, 60 de 1995, 56 de 1999 y 62 de 2010.
En su aparición pública tras el recuento electoral, el Sr. Mas – y sus asesores- ha rozado el absurdo. Como excusa ha dicho que la crisis castiga a los gobernantes. Hombre, no futem, en ese caso no convoque usted elecciones. ¿No le ha recordado su gabinete el ridículo del Sr. Cascos en Asturias? ¿No han consultado ustedes con los excelentes politólogos que cobran de las instituciones públicas catalanas?
Tras el Sr. Mas pierde el influyente grupo de presión encabezado por el Conde de Godó. La Vanguardia se ha volcado en la campaña. Sus articulistas se han dejado la piel. Algunos de ellos, dentro de unos años, quizá vuelvan a leerse y digan: ¿pero cómo pude escribir eso? A la Sra. Rahola le han adjudicado el mejor espacio del periódico tras el fallecimiento del excelente Baltasar Porcel. Una columna en la exquisita zona de moqueta desde la que ha lanzado todo tipo de exabruptos con un estilo que, salvando las distancias, recuerda mucho al de Belén Esteban en Tele 5.
La cabeza más fina y florentina de La Vanguardia, la de Enric Juliana (les recomiendo su último libro, Modesta España. RBA, 2012) ya avisó en su artículo anterior a las elecciones. Hacía hablar a dos amigos italianos que le advertían de que en la Unión Europea los experimentos mejor con gaseosa.
Por último las encuestas. Las horquillas de los últimos sondeos publicados daban a CiU entre 60 y 70 diputados, a CUP entre 0 y 7 y a SI entre 0 y 2. Convendría que partidos, medios de comunicación e instituciones dedicaran parte de su presupuesto a micro-etnografías. Quizá entonces serían capaces de prever el aumento significativo de los votantes y de sus consecuencias electorales. El catedrático Josep María Vallés ha escrito páginas muy acertadas al respecto.
Va a tener razón Albert Sánchez Piñol, autor de la exitosa Victus, la novela sobre la Barcelona de 1714 (La Campana, 2012): las clases dirigentes catalanas no siempre estuvieron a la altura de los acontecimientos.
España y la Unión Europea ganan, de momento, pero depende de cómo manejen sus cartas.
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