Víctor Morales Lezcano | Martes 27 de noviembre de 2012
Como solía hacer en otros tiempos, he vuelto a realizar una “gira” por el corredor viario que comunica Tánger con Tetuán, y viceversa. El motivo ha sido doble. Paso a referirlo.
En principio, la visita estaba prevista desde hace bastantes meses, con objeto de la celebración de un coloquio organizado por la Asociación Tetuán-Asmir, con apoyo de la Escuela Normal Superior y la Universidad Abdelmalek Essaadi, en la mansión de la familia Torres en Tetuán, precisamente. (La escasez de recursos está afectando -¡y de qué manera!- a las actividades universitarias. Marruecos no es una excepción, como no lo es tampoco España. De ahí la necesidad de hacer fondo común entre varios convocantes y convertir la necesidad en sinergia). Sin embargo, el voluntarismo aguerrido de todos los participantes en el Coloquio, titulado Protectorado Español en el Norte de Marruecos – El Movimiento Nacionalista, hizo posible que los resultados de la convocatoria académica fueran muy estimulantes, como se comprobará cuando se publiquen las Actas.
Me veo en la obligación de recordar que fue entre 1945-1956, cuando se jugó a fondo la carta del nacionalismo independentista en el Magreb contra la asendereada IV República francesa (1946-1958) y, en menor medida, contra España e Italia en el norte de Marruecos y en Libia.
El movimiento nacionalista en Tetuán -y, a veces, desde Tánger mismo- fue acoplándose a las cambiantes circunstancias internacionales que se desencadenaron desde el final de la segunda guerra mundial hasta la culminación práctica del proceso descolonizador. Abdeljalek Torres, Mekki Naciri y Themi el-Uazani -entre otros- protagonizaron el desafío político -de notorio arrastre social- a los generales Varela y García Valiño. Franco los había destinado a la Alta Comisaría tetuaní con vistas a distanciar de la Península a dos generales disidentes del criterio de una España “grande y libre” bajo el cetro del Caudillo, y no precisamente del de D. Juan de Borbón.
Nuevos horizontes se han ido abriendo sobre los puntos neurálgicos abordados en este Coloquio, en tanto en cuanto los investigadores de las relaciones hispano-marroquíes cuentan ya con la apertura del Archivo del General Varela en Cádiz. Haría falta que, en un futuro no demasiado remoto, la ciudad de Tetuán contara con un repositorio documental proveniente de todos los archivos privados que las “familias” del nacionalismo norteafricano han ido compilando en el reducto de sus magníficas mansiones de linaje granadino. Se haría, de esta manera, un servicio de valor incalculable a la historiografía marroquí -y de paso, a la española-.
La segunda motivación de mi “gira” norteña ha sido la presentación en Tánger del libro Norte de África: rebeliones sociales y opciones políticas (Madrid: ed. Diwan), que El Imparcial recensionó hace pocos meses (24/08/2012). Compartieron ex-aequo la iniciativa de esta otra actividad el Instituto Cervantes y la Escuela Superior de Traducción Rey Fahd. Ambas instituciones constituyen dos pilares del entramado docente y cultural de raigambre hispana en la legendaria -y, ahora, desmesuradamente expansiva- villa de Tánger.
El nuevo puerto de Tánger Med, a propósito, está haciendo del norte de Marruecos una referencia naviera y mercantil de mucho peso en el desarrollo desigual que viene experimentando nuestro vecino meridional desde hace una década, aunque que la crisis actual incida también en la otra orilla de Gibraltar. Quede aquí esta constatación de observador ocasional de Marruecos.
Para el inveterado visitante de este país, como es el caso del autor de estas líneas, la visita ha contado, además, con el aliciente humano de algunos reencuentros amigables de pura cepa. ¿Qué más se puede pedir en “tiempos difíciles” como los que corren?