Economía

La FAO apuesta por la inversión frente al hambre

Crónica económica

Jueves 06 de diciembre de 2012
La Organización para la Alimentación y la Agricultura, FAO por sus siglas en inglés, es una de las ramas de Naciones Unidas que responde a la pretensión de la ONU de controlarlo todo. Parece una institución importante, pero es más un mero observador. Y lo que observa, en su último informe, es una muestra de su irrelevancia: los protagonistas son los pequeños agricultores.


Hay cerca de 870 millones de personas malnutridas, muchas de las cuales pasan un hambre severa, según el informe sobre inseguridad alimentaria 2012. El sector agrícola mundial se enfrenta a dos desafíos. El más urgente es el de reducir este problema, que sigue siendo el número uno del mundo, de la inseguridad alimentaria. Este concepto de inseguridad alimentaria es mucho más laxo y menos lacerante que el del hambre. Pero es importante porque, en primer lugar, es relevante para centenares de millones de personas. Y, en segundo lugar, hambrunas como las que hemos conocido en el siglo se producen con menos frecuencia.

El segundo gran problema al que se enfrenta la agricultura es que la población mundial, que roza los 7.000 millones de personas, rebasará previsiblemente los 9.000 millones en 2050. Hay que reducir el hambre de quienes están mal alimentados, y dar de comer a 2.000 millones de personas más en los próximos 40 años. ¿Cómo afrontará el sector agrario mundial unos retos como estos?

La respuesta de la Fao la encontramos en su último informe sobre el estado de la alimentación y la agricultura, del año 2012. El problema está en la inversión en la agricultura. Los países en los que ha caído esa inversión, ha aumentado la malnutrición. Y aquéllos que han permitido una mayor inversión han escapado de ella. No es un hallazgo revolucionario. Pero para la FAO, que es una institución que durante años ha estado apartada del pensamiento económico, es importante.

Segundo paso del informe: Saber quién es el protagonista de esa inversión. Y la respuesta es clara: En los países más pobres, en los que tiene más incidencia la desnutrición, quien invierte es el pequeño agricultor. De hecho, según el informe: “Los nuevos datos compilados para este informe muestran que los agricultores de los países con rentas medias y bajas invierten más de 170.000 millones de dólares en sus tierras, unos 150 dólares por agricultor” de media al año. ¿Es mucho o poco? “Esto es tres veces todas las otras fuentes de inversión juntas, cuatro veces las realizadas por el sector público, y más de 50 veces la asistencia oficial al desarrollo a esos países”. De modo que sí, esos 170.000 millones de dólares es mucho. Es donde está la clave de la inversión agrícola en los países menos desarrollados, y es ahí donde se juega gran parte de la respuesta global a los retos que recogíamos al principio.

El informe, entonces, se plantea qué obstáculos se encuentran frecuentemente los pequeños agricultores para invertir: “Mal gobierno, ausencia de un Estado de Derecho, altos niveles de corrupción, derechos de propiedad inseguros, prácticas de comercio arbitrarias, altos impuestos sobre la agricultura en comparación con otros sectores, y unos niveles inadecuados de una infraestructura rural y unos servicios públicos de calidad”.

También sugiere que los mercados financieros no están suficientemente desarrollados, porque no se favorece ni el ahorro por parte de los agricultores, ni es fácil para ellos el acceso a la financiación.

En definitiva, la FAO muestra en su último informe sobre la situación de la agricultura que los agricultores de los países pobres tienen iniciativa, pero carecen del ambiente institucional adecuado que permitiría que éstos inviertan lo necesario.

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