Sábado 08 de diciembre de 2012
Todo apunta a que el diálogo de paz entre el Gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, corre con fluidez. De hecho el próximo 15 de diciembre ambas delegaciones tienen previsto una segunda ronda de contactos para pautar los siguientes pasos a seguir.
Hasta el momento todo ha ido como la seda, quizá porque la primera fase de las negociaciones ha estado marcada por el optimista ánimo de la guerrilla, y en hallar mecanismos de inclusión de actores de la sociedad civil dentro de este proceso y establecer ciertas reglas de orden burocrático que requiere este tipo de situaciones, pese a que no se han revelado a la luz pública los detalles de este encuentro inicial.
Sin embargo el gran reto de esta hoja de ruta para poner punto y final a medio siglo de conflicto armado va a ser que las FARC rindan cuentas y asuman responsabilidades por los crímenes que han cometido contra la sociedad y al Estado colombiano. El jefe de la delegación del presidente Juan Manuel Santos, Huberto de la Calle ya puso la advertencia de que ha llegado la hora para que los rebeldes “afronten el tema de los secuestros sin ambigüedades”.
En resumen, va a tener que aclarar y atender el delicado asunto humanitario que supone los ciudadanos que aún se encuentran en poder de la guerrilla, más aún tras las declaraciones de uno de sus componentes, la rebelde Sandra Ramírez, alías “Sandra García”, que señaló en una entrevista concedida a Prensa Latina, que el grupo armado tiene “prisioneros de guerra”. Una frase inoportuna para las FARC y un órdago que el Gobierno no dejó escapar y que aprovechará para comenzar a establecer las reglas del juego, que también incluirá, la correspondiente “aclaratoria” sobre actividades ilícitas vinculadas con el narcotráfico, entre otros crímenes.
Las FARC deben estar conscientes de la factura que tienen que pagar por los daños y prejuicios ocasionados a la nación a lo largo de 50 años. El hecho de sumar voluntades para enterrar el hacha de guerra y fumar la pipa de la paz, no supone que se va a salirse de rositas. De ser exitoso este diálogo, la guerrilla debe rendirle cuentas al país que en un momento dijeron defender: Colombia.
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